Hablamos con Rubén Mendoza sobre la presencia de "Niña errante" en el Festival de Málaga

por © Jon Apaolaza (Málaga)-NOTICINE.com
Rubén Mendoza
Rubén Mendoza
El cineasta colombiano Rubén Mendoza ("La sociedad del semáforo", "Señorita María") viajó hasta España para competir en el Festival de Málaga con su nuevo trabajo, "Niña errante", que pocos días atrás abrió el de Cartagena. Con él habló NOTICINE.com en exclusiva, en una charla dominada por lo femenino, para el autor una esperanza de futuro para su país y el mundo.

- ¿Cómo definiría "Niña errante"?
Es el viaje de cuatro hermanas medianas atravesando un país muy machuno en energía, Colombia. Se unen a raíz de la muerte de su padre, pese a que son hijas de distintas madres. Esta muerte les une, al igual que el hecho de que ninguna quiere quedar a cargo de la pequeña y pretenden dejarla con una tía que está al otro lado del país. Es ese viaje en el que superan el conflicto biológico y se hacen hermanas de verdad.

- ¿Cuál fue el punto de partida?
Yo quería asistir a una reunión de mujeres donde actuaran como si yo no estuviera, como si la cámara fuera un mueble, para ver cómo estarían solas, cómo hablarían, cómo se vestirían, cómo sería esa confianza… Cómo esta niña que, digamos tiene el plus del vínculo biológico, se va a acercar a ellas con esa confianza añadida y ganada sin apenas conocerse, precisamente por el hecho de compartir genes: cómo las iba a mirar, cómo se iba a acercar a ellas, cómo el hecho de nunca haber tenido fermento femenino durante su crianza afecta a la hora de acercarse a sus hermanas y con el mundo el general,…  Esas eran las premisas.

- ¿De dónde le salió la inspiración? Es decir, ¿se fijó, por ejemplo, en mujeres de su familia?
Sin duda están en la genética de la inspiración de la película. Mis dos abuelas son dos personas muy particulares. Una ya fue inspiración de una de mis películas, donde incluso aparecen su voz y sus dolores. De la otra hice también un pequeño documental en la universidad, una mujer de nombre emperatriz en el que mostré su carácter, pues crió a trece hijos y trece hijastros. Tuve mucho contacto con mis tías desde niño, con mis abuelas, con los amores,… Con esto, por acción u omisión, ves cómo se repiten muchos patrones de este mundo patriarcal que ha ganado un lugar tan especial en el que se agrava la fuerza bruta y se limita a la mitad de la humanidad. Pienso que el femenino es un género que, efectivamente, no ha querido dar batalla a través de la fuerza bruta pero que, donde generalmente ha dirigido la fuerza machuna y patriarcal, sí está presente esa ambición, muerte y violencia. Al menos, en la gran mayoría de los casos. Son circuitos en los que veo que donde lideran las mujeres, estas se mueven de una manera completamente distinta. Y yo quería estar en eso. Por ello mis películas son cada vez más femeninas.

- Es cierto que Colombia es un país muy patriarcal y dominado por el hombre, pero algunas mujeres logran salir adelante y tener bien amarrados a los hombres...
No me gusta la generalización, pero entiendo la fuerza de la que hablas. He tenido la oportunidad de viajar mucho y de enamorarme en muchas partes, y sé que hay una fuerza especial en Colombia y en Cali, algo que tiene que ver con el aire mismo, el clima, el baile, la manera de moverse, el hecho de que todavía hay ríos vivibles en ese calor,… Hay mucho carácter ahí, porque las mujeres en muchas partes del mundo tienen que vivir a la defensiva. Pero creo que de lo que hablas, aunque tienes razón en muchos circuitos, contarlo así suena como a premio de consolación. El plan patriarcal es tan siniestro que es muy difícil de enfrentar, por más que uno crea que hay fuerza que le supere. Por ejemplo, en mi país, hay muchas mujeres en el rol de la cirugía plástica que, en la gran mayoría de los casos, es por suplir un patrón que ha creado el patriarcado. Colombia va a seguir siendo como una hembra violada. Es muy difícil que donde lidere una mujer veas una inclinación a la violencia, a la muerte, a la corrupción… Y Colombia es un país corrupto y violento, por lo que, por ahora, la partida la están ganado los hombres.

- ¿Cómo se podría revertir eso?
Yo hice esta película pensando en que esa esperanza era una realidad, que habíamos superado esa barrera. Pero, lamentablemente, hay tanta gente envenenada con el poder, tan engolosinada,… Ahora, el gobierno que volvió a subir son hombres clásicos que consideran que hay que armar al vecino para que decidan ellos quien es malo. Gente que seca los ríos, que antepone sus privilegios económicos y la manutención de tan solo una parte de la casta en vez de preferir un país en el que la gente viva tranquila, de manera más armoniosa. El presente de mi país es muy desesperanzador, lo veo mucho en los gobernantes que tenemos, las cosas que dicen, su ignorancia y manera de engañar a otros, también ignorantes por culpa de ellos, con el único objetivo de mantenerse en el poder. El presente es desolador. Si hubiese tenido que filmar "Niña errante" ahora y no hace dos años, sería una película muy distinta.

- ¿En qué sentido?
Ese era un momento en el que sentía que sí le estábamos dando algo más de poder a las manos femeninas. En la película filmamos unos 20 o 25 ríos, porque el recorrido así lo requería, y, en la edición final, debían quedar unos 14. De esos ríos que salen filmados muchos son ahora un hilo, a solo dos años de haber rodado. Y esto se debe sobre todo a la vuelta de la minería, que es un ultraje y una forma abusiva de explotar la tierra en la que se consideran proyectos como prioridad para que un grupo tenga ganancias en lugar de que una sociedad tenga equilibrio con su medio ambiente. Lo veo terrible y vergonzoso.

- ¿Ve como esperanza la firma de la paz con la guerrilla? Aunque no ha dado lugar a una sociedad más justa.
Ahí se estaban haciendo muchos sacrificios y había muchas torpezas. Pero estaba la decisión de no matarnos más, algo para lo que no se necesita únicamente guardar los fusiles, sino también invertir en equilibrio, algo básico: salud, educación y libertad. Subió una gente que considera mucho más importante su patrimonio y su envidia, y pese a que en otros momentos de la historia estos mismos gobernantes estuvieron de acuerdo con políticas como las que se implementaron para lograr los acuerdos de paz, prefieren ahora burlarlos y destrozarlos para salirse con la suya. Pienso que su envidia es tan grande que prefieren un país inmenso para dos en vez de un país para todos.

- ¿Cómo fue la reacción del público con respecto al festival de Cartagena y este?
Apenas empiezo a saborear la de aquí. Fueron muy bonitas las palabras y las reacciones que hemos tenido a la salida del evento aquí. En Colombia, la poca gente que la había visto antes de Cartagena tuvo también mucho entusiasmo y recibió buenas críticas internacionalmente. Pero, obviamente uno hace los versos para la gente de la casa, por lo que los colombianos, viéndose reflejados a sí mismos, ven más allá en la película. Pero en general ha sido muy abrazada. Allí quizás se adelantaron y pusieron en juicio cosas que, por fortuna, cuando la gente ve la cinta se da cuenta de que no es así. Pero tampoco es que la película intente representar a todo un colectivo o una causa política. En todas mis películas intento ponerme en los zapatos de todas las partes para ver qué se siente, cómo se ve el mundo desde ahí, por lo que mucha gente se identifica.

- ¿Qué supondría para la película obtener un premio?
Un premio es siempre una arbitrariedad. No creo mucho en la competencia dentro del arte. Tener un premio es un impulso, una manera de poner atención sobre una obra y, en ese sentido, lo agradezco. La película lleva apenas 5 o 6 festivales y arrancó su primer festival en noviembre, ganando mejor película y mejor música. Pero también pienso que si el jurado hubiese desayunado otra cosa esa mañana o tuviera una situación personal diferente ese día, otro podría haber sido perfectamente el ganador. Es una cosa muy subjetiva, no hago cálculos. Para mí el premio fue vivir lo que viví haciendo la película, es un regalo muy inmenso tener el cariño de las protagonistas, del equipo técnico, y que sigamos estando tan unidos después de dos años del rodaje. Es una fuerza muy especial, un conjuro femenino, algo que de verdad se mantiene hasta hoy.

- "Señorita María" o esta película son más rurales. ¿Se ve volviendo a un cine más urbano?
Lo que pasa es que Bogotá es selvática y toda una fauna, pero también es un desastre inmenso, de ahí que sea tan especial. Todavía triunfa la vida y el amor siendo una cancha tan podrida. Lo más bonito de Bogotá es que cuando uno llega, siente que algo mejoró, porque es muy difícil vivir allá. Ahí filmé uno de mis cortos y "Sociedad del semáforo". Casi todos mis cortos son rurales al igual que "Sociedad del semáforo", que tiene escapes al campo. La manera de filmar en la ciudad es muy de fauna. Pero todo depende del tema, lo que más me gusta hacer es  cine, aunque prefiero estar lejos de las ciudades, aislarme para escribir, ensayar, estar con la cámara,… Casi siempre lo que más me inspira sucede lejos de los centros urbanos. Sin embargo, Cali también me encanta, que es donde vivo. Ahí he rodado algunas partes de "Niña errante". Es un gran fermento y también significa para mí mucha inspiración, es la única ciudad del mundo que realmente extraño, su brisa, su olor a jazmín,… Es un sitio de mucha inspiración para mí.

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