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Cannes 2019: Los hermanos Dardenne y la manipulación islamista radical en "El joven Ahmed"

por © Correcamara.com-NOTICINE.com
Por Jean-Pierre García    

Los belgas hermanos Dardenne, ya consiguieron dos Palmas de Oro con "Rosetta" (1999) y con "L’enfant" ("El Niño", 2005). Autores reconocidos en el mundo entero, vuelven a la pantalla con "Le Jeune Ahmed" ("El Joven Ahmed") expresando, a su modo típico, el drama de un joven musulmán de 12 años que se radicaliza. La trama se sitúa en Bélgica, el país natal de los escritores-realizadores y escenario de muchas de sus obras.

Ahmed ya no es un niño pero tampoco un hombre, pues cuando trata de afeitarse vemos muy bien que todavía no le crece la barba. Es un joven preadolescente que ya vivió varios dramas en su vida. Se murió el padre, su primo que quería mucho se fue a Medio Oriente y allá murió en un martirio voluntario. Vive el recuerdo del primo como un ejemplo que le dicta su conducta. Ahmed ya cayó en las garras de un imán integrista, es muy religioso y a los doce años y pico vive como un viejo religioso.

En el retrato de este joven, los hermanos Dardenne no lo dibujan con un estilo muy despojado. Si miramos al programa diario de Ahmed vemos que cinco veces por día esta rezando, antes de orar procede a las abluciones. Cuando tiene escuela se queda solo, pues no quiere que una chica o su profesora lo toquen, es inteligente, pero muy crítico con los cursos de literatura o de historia. Se opone a la cultura que le enseñan en su escuela europea, pues no es historia musulmana. Niega a los belgas la posibilidad de dar cursos de árabe, pues los belgas no son musulmanes y el único libro que se tiene que leer es el Santo Corán.

Saliendo de la escuela corre a la Mezquita o a la tienda del Imán para hablar con él.

Son muchos los detalles que nos revelan cómo Ahmed está amarrado a lo religioso, a lo integrista.

Me parece de gran significado, el tiempo que pasa lavándose las manos antes de rezar. Se limpia con gestos angustiados, como si temiera no purificarse lo suficiente ante la oración. Está muy inquieto y sus gestos lo testimonian. Es como si cierta locura lo esté apresurando.

No nos damos cuenta de su proceso de desquiciamiento, pero se construye gradualmente: una discusión con sus hermanos sobre religión y su deseo de obligar a su hermana a no salir a la calle sin ponerse el velo tradicional musulmán; charlas un poco duras con su profesora, persona muy buena que de niño le dio cursos gratis para que pudiera mejorar sus tareas escolares. Y de golpe, Ahmed trata de matar a la profesora a cuchilladas. No lo consigue y cae en manos de la Justicia.

La pregunta que surge en este momento de la película es qué va a pasar con un personaje tan encerrado en sí mismo. Tanto los directores como el espectador, cinéfilo y ciudadano a la vez, están frente a una pared. No basta con decir: a aquel joven le lavaron el cerebro, lo manipularon. Y ya. ¿Nada que hacer? Es una situación enmarañada en términos de guión. Y un final feliz en este contexto, sería casi una mala broma.

Pues es seguro que la sociedad belga, en este caso, tiene soluciones alternativas al encarcelamiento. Pues se trata de un chaval de doce años. Hay centros especializados, con psicólogo y juez, jóvenes que cuidan de estos radicalizados.

El examen preciso de lo que pasa en realidad con muchos de los radicalizados es que les enseñaron a fingir la readaptacion, a fingir que ya cortaron con lo religioso extremista. Y de cierto modo es a lo que llega Ahmed que se escapa cuando puede y vuelve hacia su destino. El final abierto por los hermanos Dardenne es, desde este punto de vista, casi el único que se puede proponer. O sea el hecho que no responder a la pregunta sobre el ¿Qué hacer con Ahmed? sea la única repuesta posible. Seguir cuidando, seguir tratando a esta violencia sin tener grandes ilusiones en un éxito posible. No responder es también no caer en el juego en que los radicalizados y sus mentores quieren atraernos.

Lo fuerte de la propuesta cinematográfica de los hermanos Dardenne es que nos llevan de modo tan fuerte en el tema de la película que nos obligan a ver este tema, como lo pueden hacer unos cineastas siempre atentos a la temática social.

Para el papel del joven Ahmed, los hermanos Dardenne escogieron a un actor debutante, Idir Ben Addi que es de una fuerza y expresividad máxima. Se inventó todo el personaje y le da una visibilidad impresionante en la pantalla. Quién sabe, quizá tenga el porvenir cinematográfico de otros talentos como lo son hoy Jéremy Régnier en "La Promesse" o Emilie Dequenne en "Rosetta"

"El joven Ahmed" a pesar de su duración muy corta (84 minutos) es una gran película que guardaremos en lo más íntimo de nuestra conciencia.


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