Sebastián Borensztein habla sobre el estreno de "La odisea de los giles"

por © Lidia Waya -NOTICINE.com
Sebastián Borensztein
Sebastián Borensztein
Ante el próximo estreno de "La Odisea de los giles", que llegará a los cines de Argentina el próximo 15 de agosto, su director, Sebastián Borensztein confiesa que se dejó seducir por "las emociones que te provoca la historia". Esta coproducción argentino-española, protagonizada y producida por Ricardo Darín y su hijo Chino Darín, pasará inmediatamente después por los festivales de Toronto y San Sebastián.

Basada en la novela de Eduardo Sacheri "La noche de la usina", Borensztein cuenta para La Nación que "me encantó la historia y sobre todo el ADN nacional que tiene. Los personajes son profundamente argentinos". El cineasta, que ya dirigió a Ricardo Darín en "Un cuento chino" y "Kóblic", ve como núcleo de la misma a "el grupo de personas que representan todas las clases sociales del país, desde los indigentes hasta los empresarios; con ideologías distintas, pero con un objetivo común para llevar a delante. La película tiene un mensaje esperanzador: si no bajas los brazos, se pueden hacer las cosas".

El director y guionista argentino aspira a que "película sea recordada como una película anti-grieta, no solamente porque la historia reúne personas con ideologías diferentes, sino porque también el elenco tiene esa misma diversidad de pensamiento y hemos vivido una gran experiencia. Hemos convivido con un supremo nivel de felicidad. No existió la grieta. Aspiro a que sea un hito cultural, por lo menos desde el cine".

En cuento al título, expresa que "los giles somos todos, excepto una docena de tipos que son los que manejan los piolines. Por eso la palabra "gil" no está puesta en un sentido despectivo, sino como una característica más del ciudadano común: el tipo que labura, que cumple, que hace lo que tiene que hacer. Finalmente, ese también puede llegar a ser un gil, porque confía. Pero a pesar de todo sigue adelante, se repone. Me acuerdo que mi padre me decía: "Este es un gran país, estamos en un quilombo, yo no voy a verlo, pero ustedes sí". Y hoy me encuentro diciéndole a mi hija de ocho años lo mismo. Eso me duele".

El director también se atreve a echar la vista sobre la situación argentina pasada y actual. Sobre la crisis de 2001, el director recuerda que "cuando se desató el gran quilombo me acuerdo que la gente no sabía bien lo que estaba pasando; cuando nos dimos cuenta, recuerdo que yo estaba en mi casa y pinté la bandera argentina en toda la pared del living, tenía mucha bronca. No fui damnificado económicamente porque tenía mi cuenta en rojo, pero vi gente quebrada, fundida, o que se moría por el disgusto de haber perdido los ahorros de toda su vida".

En comparación con lo que se vive actualmente en Argentina, Sebastián lo ve "mediocrizado al máximo, lo veo triste, tenso, violento, apagado. Estas son las palabras que me surgen. La que pondría en mayúsculas sería: decadencia; siento que venimos en una pendiente de decadencia de muchas décadas y todos han hecho alguna contribución para que esto suceda. Me parece que nadie puede sacar los pies del plato en esta sentencia: gobiernos, empresarios, ciudadanos. Lo que tenemos lo hemos construido entre todos. Y lo que tenemos por hacer también va a ser responsabilidad de todos los sectores, tenemos que poner voluntad".

Sin embargo, aun tiene el deseo de "que se sienten en una mesa las cabezas que mandan, se pongan de acuerdo en 4 o 5 políticas de estado y que esas políticas tengan continuidad, gobierno tras gobierno, independientemente de quien gane, sino nunca tenemos certeza de nada".

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