miércoles, 26 de noviembre de 2014
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Murió Roberto Cobo, "Calambres", víctima de un cáncer, a los 72 años

 
Roberto Cobos, de joven y recientementeSus mejores papeles: El Jaibo y La ManuelaEl último homenaje, en Mazatlán (©Reforma)3-VIII-02

Este sábado han sido incinerados en el Panteón Español de Ciudad de México los restos del actor Roberto García Romero, más conocido como Roberto Cobo y por su apodo de "Calambres", heredado de su pasado en el teatro musical. Enfermo de cáncer, el protagonista de "Los olvidados", de Luis Buñuel y "El lugar sin límites", de Arturo Ripstein, había sido ingresado en un hospital el lunes, como consecuencia de un sangrado en el esófago, y falleció allí este viernes de un ataque cardíaco tras estar en coma varios días. Según voluntad propia, sus cenizas podrían lanzarse al aire en Acapulco, los próximos días.

Cobo había nacido el 20 de febrero de 1930, y su primer papel en el cine lo tuvo a los 15 años, en "Los siete niños de Ecija". Sin embargo, para entonces ya era un actor "experimentado". Según contaban había visto por primera vez la luz muy cerca de un escenario, tras el segundo acto de una obra que sus padres, cómicos ambulantes, representaban, por lo cual se le registró en Zuazu (Nuevo León). Pronto viuda, su madre se casó por segunda vez con Alejandro Cobo, de ahí que adoptara este apellido. No tardó el pequeño Roberto en añadirse a la compañía familiar, y debutó con sólo 8 años bajo una carpa en la obra "Los chicos crecen".

Ya en los años 40 siguió trabajando en el teatro y la radio. Formó parte de la compañía infantil de zarzuela y opereta del teatro Hidalgo y en la de Teatro Infantil de Bellas Artes. Tras "Los siete niños de Ecija" se prodigó en la pantalla grande en una docena larga de títulos, el más famoso de los cuales fue "El rey del barrio", protagonizada por Tin Tan, hasta que en 1950 el español exiliado Luis Buñuel le dió el papel con el que entraría en la historia del cine mexicano, El Jaibo de "Los olvidados", que le valió el primer premio Ariel al mejor actor joven que entregaba la Academia del cine mexicano.

"Cuando terminé "Los olvidados", el 10 de marzo de 1950, no sabía lo que había hecho porque al día siguiente nació "Calambres" en el teatro Lírico. Me olvidé. Luego se estrenó en 1952 y no pasó nada hasta que regresó la pelicula del Festival de Cannes, con todos los premios y las palmas de oro que le dieron a Buñuel, que entonces estaba vetado en España por cuestiones políticas", explicó él mismo en una entrevista.

"Cobo -ha declarado por su parte el escritor y cinéfilo Carlos Monsiváis al diario El Universal- fue un excelente bailarín, de esos chicos del coro del teatro Lírico y del Teatro Margo, que de repente, por una suerte del casting, resultó elegido para el papel de El Jaibo en "Los olvidados", lo que definitivamente lo marcó. El Jaibo es la presencia de la falta de escrúpulos, casi del mal en estado puro, aunque ni Buñuel ni sus argumentistas creyesen posible el mal en estado puro; es un resultado de la pobreza y de la venganza sobre los pobres".

Hizo bastantes películas en esa misma década de los 50, entre ellas "Subida al cielo", y la mayoría como bailarín, pero a partir de los primeros sesenta se prodigó mucho menos. "Desdichadamente, Cobo no tuvo durante años una oportunidad semejante a "Los olvidados", y vagó en provincia y en películas de nombre piadosamente olvidado. Su condición de "gay", en una etapa muy homófoba de la industria del cine, limitaba aún mas sus posibilidades", comentaba Monsiváis.

De su ostracismo de más de 12 años lo recuperó Arturo Ripstein en 1977 para un papel a su medida, "La Manuela", el travestí de "El lugar sin límites", su segundo gran papel, también galardonado con un Ariel. "Lo bonito -dijo Cobo- es que me relacionen con dos personajes tan diferentes como El Jaibo, un delincuente juvenil, y "La Manuela", un pobre homosexual. También la he hecho de teporocho; me ha tocado interpretar toda clase de personajes y me ha gustado porque todos han significado lo mismo".

En los últimos años, tras sobrevivir milagrosamente al terremoto de México de 1985, que derrumbó el edificio donde residía y le dejó cojo, tuvo pequeñas participaciones en importantes cintas del cine nacional, como "Santitos", "El agujero", "De noche vienes, Esmeralda", "Dulces compañías", "Sobrenatural" y "Cabeza de Vaca".

Poco antes de morir había protagonizado el monólogo "Eros, club privado", escrito especialmente para él, en Guadalajara, y quería estrenarlo en Monterrey. Deja un film inédito con Katy Jurado -el último trabajo cinematográfico de ambos- y muchas ilusiones de seguir adelante. "Tengo 72 años y todavía me hace falta hacer muchas películas", comentaba el pasado abril.

Descanse en paz un artista al que la vida deparó probablemente menos de lo que en justicia mereció, y un hombre simpático, dicharachero y cordial, al que todavía en los festivales de cine (Mazatlán le concedió un homenaje el año pasado) se le escuchaba muchas veces cantar en público lo que ya no podía bailar como en su juventud.






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