Crítica: "El candidato", caricatura de la política y los políticos, con aroma de asado

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"El candidato"
Por Edurne Sarriegui
   
El uruguayo Daniel Hendler estrena en Argentina -casi su segunda patria- su largometraje "El Candidato" tras ser exhibido en los festivales de Miami, Málaga y el reciente BAFICI de la ciudad de Buenos Aires. El rioplatense, que alcanzó la fama como actor en la televisión argentina para después continuar una exitosa carrera en el cine, ya  dirigió y escribió "Norberto apenas tarde" (2010). Ahora se anima con una sátira política que, aunque abreva en las aguas del cine independiente, coquetea con un costado  más comercial a través de un tema actual y urticante para una sociedad cansada de intrigas y maquinaciones políticas.

La trama se desarrolla en el transcurso de un fin de semana  durante el cual un aspirante a candidato político y su equipo asesor, aislados en una magnífica casa de campo,  deberán elaborar un spot publicitario para efectuar su lanzamiento.

Martín Marchand (Diego de Paula) es un cincuentón millonario con una trayectoria política sin mayor relevancia. Sin embargo considera que ya es hora de diferenciarse  y ser el candidato de su propio partido. Sus colaboradores más cercanos (Alan Sabbagh, César Troncoso y José Luis Arias) trabajarán codo a codo junto al equipo de creativos (Ana Katz, Fernando Amaral, Roberto Suárez y Matías Singer) para fabricar un perfil a medida que conforme a muchos y asegure los votos.

Paralela al desarrollo argumental de esa reunión en la que se deciden cosas tan fundamentales como el pajarito adecuado para representar al candidato,  el árbol que mejor lo define o la actitud que debe asumir el interfecto ante la cámara para seducir al público, se entreteje otra trama en la que la desconfianza y la traición van tomando cuerpo.

Hendler se revela como un fino observador que pone en evidencia tics de políticos de distinta laya y sus entornos, la superficialidad de sus propuestas, los discursos rimbombantes y huecos y la falta de identificación ideológica, que únicamente buscan alcanzar el poder con las encuestas de opinión en la mano.

La cinta describe esa práctica, tan extendida entre los participantes del juego político, de presentar sus propuestas como un producto comercial envuelto en el ropaje atractivo de un embalaje llamativo y situado en el lugar preferencial del comercio para atraer al cliente. Mucho envoltorio para tan poco contenido.

"El Candidato" resulta una crítica sardónica de algo que cada día es más común y que trasciende el ámbito rioplatense en el que se desarrolla. Leyendo títulos de noticias políticas de distintos países alcanza para verificar que los habitantes de estas latitudes  no son los únicos afectados por esta manera de hacer las cosas.

Todo suma para pintar un panorama bastante sombrío: la lamentable personalidad del candidato que se siente parecido a algunos actores de Hollywood y tiene propuestas tan trascendentes como "prohibir los Rottwailler", la deplorable actitud del equipo asesor que conduce al candidato por ese camino, los aliados políticos que viven aferrados al poder y la penosa postura de la oposición, preocupada por defender los derechos de las vacas, demostrando que sus parámetros son similares.
 
"El Candidato" lanza sobre todo esto una mirada crítica.  Imbuye las situaciones de una comicidad desencantada para mostrar a esos patéticos personajes que representan al poder y que probablemente resulten familiares para muchos espectadores. Y lo hace de una manera lo suficientemente ágil como para que el interés no decaiga.

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