Crítica: "Pescador", cine negro luminoso

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Grandinetti, en "Pescador"
Por Edurne Sarriegui    

El argentino José Glusman estrena en salas comerciales su último largometraje, "Pescador" que ya pasó por el Festival de Cine Latinoamericano de Huelva. El autor de "Domingo de Ramos" (2010) lleva a la pantalla el guion que coescribió junto a Iván Tokman para hablar de varias cosas, entre ellas la amistad, el aislamiento, la lealtad y una sutil venganza que nos dibuja una leve sonrisa de satisfacción justo antes de que aparezcan los créditos al finalizar la cinta.

"Pescador" se desarrolla en una desolada playa antes del comienzo de la temporada estival. Santos (Darío Grandinetti) es un solitario pescador que vive en las proximidades y se gana la vida vendiendo a un restaurante de la zona el pescado que le arrebata al mar en esa playa. Su soledad invernal se ve interrumpida por la llegada de tres jóvenes del pueblo que tratan de reabrir el bar del lugar para recibir a  los turistas que están por llegar. No hay una relación fluida entre Santos y los recién llegados. Hay algo en el pescador, una cierta lejanía, que lo muestra como un personaje que oculta algo. Glusman juega con el hermetismo del protagonista para plantear una atmósfera de incomodidad y misterio que poco a poco virará hacia el policial.

Mientras Santos sigue con su rutina, los jóvenes tratan de sortear todos los obstáculos imaginables para poder abrir su bar. A las dificultades lógicas se unen las provocadas por la corrupción del gobierno local. Al mismo tiempo se va develando la vida oculta de Santos y el mundo marginal del que procede en el que la corrupción es aún mayor y más peligrosa.

La relación que se establece entre el solitario y Franca (Jazmín Esquivel), una de los jóvenes, dará paso a una amistad poco convencional y, a partir de un giro inesperado, a una resolución sorprendente.

El film se inicia pausadamente. Nada hace prever que en algún momento aparecerá la acción. Sin embargo el realizador instala el clima de suspense y trhiller de manera contundente en la última parte de la cinta, firmemente apoyada en la actuación protagónica de Grandinetti como piedra basal y en la construcción de climas a través de una banda sonora potente. José Glusman nos transporta a un "policial playero inesperado" según sus propias palabras y muestra que a veces, las actitudes reprochables se ven redimidas cuando un destello de justicia personal pone las cosas en su lugar.  

"Pescador" es una película que se vuelve intensa a medida que avanza en su metraje y que sabe cómo dosificar la información que proporciona para que el interés por lo que vendrá nunca decaiga.

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