Paco Rabal: Bohemio, vitalista y entrañable

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Un ejemplo de tolerancia
Un ejemplo de tolerancia
El día de su boda con Asunción BalaguerUn ejemplo de toleranciaPor Jon Apaolaza

Paco Rabal, que este miércoles ha dejado de existir en la misma ciudad donde falleció uno de sus últimos grandes personajes, el pintor Francisco de Goya, era mucho más que uno de los más prolíficos e internacionales de los actores españoles a lo largo de más de cuatro décadas. Su perfil humano, sin embargo, llega a superar al del profesional, por ser un tipo entrañable que exprimió la vida hasta el último momento.

Si hubiera nacido en EEUU, además de tener varios Oscars en sus estanterías, todo el mundo hablaría de él como la personificación del "sueño americano". De muy humilde origen, el popular y entrañable actor murciano llegó todo lo lejos que puede alcanzar un intérprete español, ha sido premiado en numerosas ocasiones fuera de nuestro país, y aquí posee todas las distinciones posibles. Pero, por encima de todo, Rabal fue un profesional que nunca flaqueó mientras vivía a tope, gozaba de su suerte, de los bares, las mujeres y los viajes. Ahora, a los 75 años, seguía recibiendo homenajes, trabajando activamente y ofreciéndonos hermosas lecciones a través de su autobiografía literaria o de sus poemas publicados en prensa.

La amistad y el cariño fue uno de los valores que más cultivó. Nunca olvidó a Buñuel, que le consideraba "su sobrino" y que le abrió las puertas del cine internacional. Disfrutaba imitando su ronca voz. Lloraba también cuando recordaba a su hermano Damián, fallecido hace unos años, y siempre tenía una palabra amable para su esposa, Asunción Balaguer, quien soportó sus juergas con amoroso estoicismo.

Fiel pese a los avatares de la historia a las ideas del comunismo, compartió trabajo y copas con los más fieles al régimen que padecíamos. Jamás fue dogmático e hizo de la tolerancia una virtud. Generoso hasta el final, lo compartió todo, y deja tras sí unos hijos asentados en el mundo del espectáculo y un nieto actor y director. Si el festival de San Sebastián actúa con inteligencia, el mes próximo hará de la entrega de su Premio Donostia el homenaje póstumo que todos le debemos.