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"La Ola", en cines chilenos: ¿Puede un hombre hacer una película feminista?

por © Corresponsal (Chile)-NOTICINE.com
"La Ola"
"La Ola"
Sebastián Lelio se encontraba en Santiago de Chile cuando vio la portada del diario al día siguiente de las protestas estudiantiles. La imagen mostraba a unas cincuenta estudiantes con máscaras bordadas por ellas mismas, puños en alto y pechos descubiertos. Ese instante quedaría grabado en su memoria como el germen de lo que años después se convertiría en "La ola", su más reciente película, que tras pasar por Cannes se estrena esta semana en su país de origen.

El cineasta chileno, conocido por sus retratos femeninos en cintas como "Gloria" y "Una mujer fantástica", se embarcó en un proyecto que él mismo describe como una mezcla de "pavor y fascinación". La idea era ambiciosa: crear un musical contemporáneo sobre el movimiento feminista que sacudió las universidades chilenas en 2018, cuando estudiantes denunciaron abusos sexuales sistemáticamente minimizados por las instituciones académicas.

"En Latinoamérica no existe tradición de cine musical", cuenta Lelio a NOTICINE.com. "Si a la gente uno le pregunta cuál es el musical latinoamericano favorito, todos se quedan como en la búsqueda. Yo creo que no existe". Esta falta de referentes inmediatos convirtió el proyecto en un desafío técnico y creativo. "Hacer un musical es como convertirse en un cirujano del cerebro. Es una especialidad que solo se aprende haciéndola. Y como nosotros no tenemos la tradición, la aprendimos a porrazos".



La película sigue a Julia y sus compañeras de la facultad de artes dramáticas que inician una revolución feminista como respuesta a la inacción institucional frente a las denuncias de acoso. El detonante es una violación que va cobrando importancia a medida que la víctima consigue digerirla y nombrarla como un hecho real.

Lelio decidió desde el principio que no sería una película sobre lo que piensa un hombre. "Qué aburrido sería eso", comenta entre risas. Por eso llamó a las guionistas Manuela Infante, Josefina Fernández y Paloma Salas para trabajar en el proyecto. "De los cinco años que pasamos escribiendo el guión, el primer año estuve lejano pues me mandaban todas por ahí. Yo además las admiro mucho, saben mucho de feminismo. Fue un gran aprendizaje, y por supuesto que ellas tenían mucho más que decir que yo".

El resultado es un musical furioso, con música de Matthew Herbert, que funciona como hilo conductor para transmitir mensajes directos que los personajes no enunciarían de otra forma. "Lo que más me importaba a mí era hacer un musical contemporáneo que no tuviera nada que ver con el ejercicio de nostalgia que es lo que ha primado en los últimos 20 años en el género musical". Para Lelio, el último musical que realmente expandió el género fue "Bailando en la oscuridad" de Lars von Trier en el 2000.

Sobre las inevitables comparaciones con "Emilia Pérez", el musical de Jacques Audiard, Lelio señala: "No deja de ser curioso que en el 59 Camus filmó 'Orfeo Negro' en Brasil y el año pasado Audiard filmó 'Emilia Pérez' en 'México', con muchas comillas. Y no es casualidad que los dos musicales que han tenido una cierta relevancia mundial y que se han hecho en Latinoamérica han sido realizados por franceses. Nosotros estamos en otra parte, simplemente".

El director reconoce que la financiación sigue siendo una odisea para el cine chileno. "Nuestra industria es frágil, porque nuestro mercado es pequeño y porque si hacemos películas que solo funcionan en Chile estamos condenados a hacer un cine un poco ostracista". Sin embargo, valora que en los últimos 15 años dos generaciones de cineastas hayan logrado "pensar en un cine que habla de Chile y que al mismo tiempo logra cruzar la cordillera que es nuestra gran muralla también mental".

Sobre su recurrente interés en personajes femeninos, Lelio recuerda que encontró recientemente cintas de su primer ejercicio en la escuela de cine: un relato paralelo sobre cuatro mujeres. "Me había olvidado completamente pero creo que eso habla de un interés genuino y de una ausencia de programa porque en ese momento, en el 96, no estaba políticamente el tema instalado en lo social". Si tuviera que reencarnarse en alguno de sus personajes, sería "un híbrido entre Gloria, Marina de 'Una mujer fantástica', y Julia".

Uno de los aprendizajes más profundos durante la realización de "La ola" fue comprender la dimensión del dolor. "Porque por supuesto a mí como ser humano me duele, pero yo no soy mujer. Y con mis amigas y con la actriz y con la gente con la que trabajé, palpé ese dolor y entendí esa rabia y me contacto con ella".

La película incluye un pasaje donde Lelio rompe la cuarta pared en un acto de reflexión interna y deconstrucción de su propia masculinidad. "Al final del día, ahí están dos seres humanos que se enfrentan. Uno tiene una versión, otro tiene otra. Pero se puede actuar, digamos, fuera de la influencia de la ley. Y eso es muy mediocre. Es muy malo como situación humana".

Sobre el futuro del cine en tiempos de redes sociales y contenidos cortos, Lelio se muestra optimista: "El cine siempre ha estado muriendo, en crisis, desde que nació. Lo mató el sonoro, lo mató la tele, lo mató el control remoto, lo mató Blockbuster, lo mató el streaming... Y el cine no puede morirse porque no es un formato, es un lenguaje, y va a seguir siendo hablado".

Lo que espera con "La ola" es que "genere pasión, primero, porque la película es una experiencia, un viaje... Es un viaje cinematográfico intenso, un plato fuerte. Y lo otro, espero que también genere apasionadas reacciones, discusiones, y que permita algo que es cada vez más escaso, que es poder pensar por nosotros mismos".

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