Ana de la Reguera habla sobre "Un hombre por semana", su primer estreno delante y detrás de la cámara
- por © Redacción (México)-NOTICINE.com
La actriz mexicana Ana de la Reguera, de carrera internacional, tiene desde este jueves en los cines del país "Un hombre por semana", el proyecto que consumió los últimos doce meses de su vida, ya que no sólo ha sido la protagonista, sino también codirectora junto a Marco Polo Constandse e intervino igualmente en el guión. "Leí el guion y dije: 'Quiero actuarla, sí o sí. Me muero de ganas por hacerla y me encantaría dirigirla'. Sentía que ese personaje representaba lo que yo estaba viviendo", cuenta.
La historia que lleva a la pantalla es la de Mónica, una mujer que, tras ser abandonada por su esposo, decide salir con un hombre diferente cada semana. Es una comedia romántica producida por Filmadora, con guion de Adriana Pelusi e Itzel Lara, y un elenco que incluye a Martín Altomaro y Roberto Quijano. Pero para De la Reguera, el film trasciende la premisa de la comedia. "Un hombre por semana no es sobre encontrar pareja, sino sobre encontrarse a una misma", aclara en Noir Magazine, trazando una línea más profunda bajo la trama.
El camino hacia la dirección no fue algo planeado con antelación. Ella misma relata que su experiencia previa detrás de cámaras, en su serie "Ana", llegó por un giro inesperado. "Me quedé dirigiendo el resto de la tercera temporada. Ya estaba rodada casi la mitad y nos quedamos sin director; pensamos que se había sentido mal ese día, se fue y yo me quedé dirigiendo esas escenas", recuerda. Esta vez, sin embargo, la decisión fue deliberada, aunque el proyecto llegó a sus manos de forma casual.
Esa identificación personal se volvió material de trabajo. "Nos basamos un poco en mi experiencia para el guion, especialmente en detalles que agregamos en postproducción, que yo la estaba viviendo", cuenta, mencionando incluso un detalle específico: "Yo le decía a Polo: '¿Por qué ponen esa foto?'. Los hombres no saben poner fotos". Esta inmersión total, desde la actuación hasta la dirección, alteró su perspectiva. "Uno como actor puede ser un poco egoísta, porque solo estás pensando en tu personaje, en lo que necesita, en lo que quiere… No te das cuenta de que es un trabajo colectivo cuando lo ves solo desde tu punto de vista", reflexiona.
La película aborda, inevitablemente, el terreno de las citas en la era digital, un tema con el que De la Reguera se muestra familiar y sin prejuicios. "Siento que hay un poco de vergüenza y estigma al usarlas, al querer conocer a alguien, sobre todo a mi edad", comenta. "Me gusta mucho usarla porque es una manera de conocer a alguien, pero también tiene sus riesgos: es muy vulnerable estar en una de esas citas; es un acto valiente. La película tiene muchas capas en cuanto a reconocer la soledad, el miedo y a quedarte con lo que piensan de ti".
En su conversación, la actriz salta de anécdotas sobre su vida pública –como bailar en “la casita” de Bad Bunny en Puerto Rico o compartir una comida con Pedro Pascal y Omar Apollo– a observaciones íntimas sobre la autonomía femenina. "La verdad es que me caigo bien y siento que las mujeres nos estamos convirtiendo en los hombres con los que queremos estar", dice. "Me doy cuenta mucho cuando salgo con mis amigas: '¿A qué restaurante vamos, amiga? ¿A dónde te llevo? Yo te invito, yo te llevo'. Te consientes, te la pasas bien. Ese cuidado que tenemos con nuestra familia, nuestros amigos o quien sea es el cuidado que también quisiéramos recibir".
Al ser preguntada por el concepto de lujo, su respuesta se aleja de lo material. "Para mí, el lujo no me parece banal. Me parece una manera de expresión", afirma, reconociendo el trabajo y diseño detrás de ello. Pero cuando se trata de nombrar el lujo más grande, su mirada se vuelve hacia algo intangible. "El tiempo es el lujo más grande que tenemos, como el tiempo con nuestra familia, el que uno pasa con sus amigos… y se nos va tan rápido. Es lo que más aprecio y lo que más cuido. A veces lo que más me enoja es que alguien me haga perder el tiempo".
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La historia que lleva a la pantalla es la de Mónica, una mujer que, tras ser abandonada por su esposo, decide salir con un hombre diferente cada semana. Es una comedia romántica producida por Filmadora, con guion de Adriana Pelusi e Itzel Lara, y un elenco que incluye a Martín Altomaro y Roberto Quijano. Pero para De la Reguera, el film trasciende la premisa de la comedia. "Un hombre por semana no es sobre encontrar pareja, sino sobre encontrarse a una misma", aclara en Noir Magazine, trazando una línea más profunda bajo la trama.
El camino hacia la dirección no fue algo planeado con antelación. Ella misma relata que su experiencia previa detrás de cámaras, en su serie "Ana", llegó por un giro inesperado. "Me quedé dirigiendo el resto de la tercera temporada. Ya estaba rodada casi la mitad y nos quedamos sin director; pensamos que se había sentido mal ese día, se fue y yo me quedé dirigiendo esas escenas", recuerda. Esta vez, sin embargo, la decisión fue deliberada, aunque el proyecto llegó a sus manos de forma casual.
Esa identificación personal se volvió material de trabajo. "Nos basamos un poco en mi experiencia para el guion, especialmente en detalles que agregamos en postproducción, que yo la estaba viviendo", cuenta, mencionando incluso un detalle específico: "Yo le decía a Polo: '¿Por qué ponen esa foto?'. Los hombres no saben poner fotos". Esta inmersión total, desde la actuación hasta la dirección, alteró su perspectiva. "Uno como actor puede ser un poco egoísta, porque solo estás pensando en tu personaje, en lo que necesita, en lo que quiere… No te das cuenta de que es un trabajo colectivo cuando lo ves solo desde tu punto de vista", reflexiona.
La película aborda, inevitablemente, el terreno de las citas en la era digital, un tema con el que De la Reguera se muestra familiar y sin prejuicios. "Siento que hay un poco de vergüenza y estigma al usarlas, al querer conocer a alguien, sobre todo a mi edad", comenta. "Me gusta mucho usarla porque es una manera de conocer a alguien, pero también tiene sus riesgos: es muy vulnerable estar en una de esas citas; es un acto valiente. La película tiene muchas capas en cuanto a reconocer la soledad, el miedo y a quedarte con lo que piensan de ti".
En su conversación, la actriz salta de anécdotas sobre su vida pública –como bailar en “la casita” de Bad Bunny en Puerto Rico o compartir una comida con Pedro Pascal y Omar Apollo– a observaciones íntimas sobre la autonomía femenina. "La verdad es que me caigo bien y siento que las mujeres nos estamos convirtiendo en los hombres con los que queremos estar", dice. "Me doy cuenta mucho cuando salgo con mis amigas: '¿A qué restaurante vamos, amiga? ¿A dónde te llevo? Yo te invito, yo te llevo'. Te consientes, te la pasas bien. Ese cuidado que tenemos con nuestra familia, nuestros amigos o quien sea es el cuidado que también quisiéramos recibir".
Al ser preguntada por el concepto de lujo, su respuesta se aleja de lo material. "Para mí, el lujo no me parece banal. Me parece una manera de expresión", afirma, reconociendo el trabajo y diseño detrás de ello. Pero cuando se trata de nombrar el lujo más grande, su mirada se vuelve hacia algo intangible. "El tiempo es el lujo más grande que tenemos, como el tiempo con nuestra familia, el que uno pasa con sus amigos… y se nos va tan rápido. Es lo que más aprecio y lo que más cuido. A veces lo que más me enoja es que alguien me haga perder el tiempo".
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