Juanma Bajo Ulloa escribe sobre el estreno de "El mal"
- por © NOTICINE.com
Por Juanma Bajo Ulloa *
¿Quién les interesa más, Elliot Ness o Al Capone, Marion Crane o Norman Bates, Bobby Ewing o JR, Liza o...Bart Simpson? ¿Cómo explicar la irracional atracción del ser humano hacia el lado oscuro? Una seducción que ha propiciado algunas de las historias y personajes más interesantes y legendarios de la historia de la literatura, el teatro, el cine o la televisión. Y, sin embargo, esta extraordinaria comunión con el público y el inconsciente colectivo es habitualmente negada o justificada, tal vez por motivos morales o éticos, o por simple temor a asumir una parte de nuestra Naturaleza.
Esta es una época en la que las viejas fórmulas están definitivamente gastadas. Una época para una generación de espectadores que hace tiempo que ha perdido la inocencia, espectadores que no se conforman con una nueva visión del mismo punto de vista convencional. El cine ha mostrado ya las vísceras, paseado los cadáveres, embadurnado de sangre las pantallas enseñando todo lo que, tiempo atrás, se ocultaba con pudor. Pero hoy el cine puede comenzar a mostrar algo que aún se oculta con vergüenza y temor, el rostro humano escondido en la sombra. La verdadera naturaleza del mal.
La atracción hacia el mal es seguramente uno de los fenómenos más difíciles de explicar en la conducta humana. Sin embargo responde en realidad a una inclinación natural, como natural resulta la atracción entre opuestos, y la curiosidad que sentimos hacia aquello que sencillamente es parte de nosotros y por tanto nos completa. Negativo y positivo, luz y oscuridad, bien y mal, representan abstractas necesarias cualidades del Universo que habitamos.
Las religiones y corrientes espirituales, filosóficas y éticas más populares propician y aplauden la comprensión, la empatía y el perdón entre los seres humanos. En la práctica, pocos seres humanos asumen esta loable premisa. En muchos casos los hombres justifican sus sentimientos de ira, rencor y venganza, y propician mecanismos para disculpar sus posturas menos piadosas. En la mayoría de los casos simplemente agachan la cabeza o miran para otro lado. Por eso tal vez, el arte, y el cine en concreto, ofrece una forma de reproducir sentimientos demasiado inconfesables o presumiblemente ajenos a nosotros mismos. Algo perfecto para ser observado como espectador.
Y de entre todas las malas conductas, de entre todas las acciones reprobables, la más abyecta es sin duda el asesinato. El imperdonable hurto de la vida ajena. La impune visión de un acto homicida nos perturba y horroriza y, sin embargo, no desarrollamos la misma empatía para con todas las víctimas. Y es la propia naturaleza de cada individuo y la cultura social y familiar aprendida la que enfatiza o silencia esa solidaridad.
La capacidad de perdonar es lo que nos hace humanos y únicos, la mayor prueba de amor. Por ello, he intentado concebir al peor de los seres humanos y sugerir al espectador la posibilidad de su perdón. Ese sería para cada uno un hermoso ejercicio personal.
"El Mal" no busca la exhibición o exaltación de la violencia ni de su estética, ni el morbo provocado por su visión, pero sí su sentido metafórico y simbólico.
El aspecto formal y narrativo no es explícito, y persigue un tono realista y no enfatizado. Por supuesto es una historia turbadora, cuya escritura obliga al autor a indagar con dolor y pudor en el más profundo interior y, también, observar a otros en su aparente certeza moral. Pero justamente esta película habla sobre las carencias emocionales y el daño, el horror, que esta falta de amor nos provoca. De que no cultivar el amor, marchita el alma.
"El Mal" se define básicamente como una historia de suspense. Una donde el espectador intuye que algo inquietante va a ocurrir, pero no sabe cómo ni cuándo. Pero también pretende mover al espectador a preguntarse sobre sus propias certezas, sobre su capacidad para amar y asumir su propio inexcusable lado oscuro.
Elvira, la escritora y periodista protagonista, representa la pretendida expresión de fortaleza que en realidad muchos mostramos en base a las exigencias sociales. Una sonriente figura que oculta con cierta habilidad la fragilidad que acompaña a cada persona en su camino hacía un indeterminado final. Una persona llena de cualidades humanas que quedan en parte ocultas bajo su necesidad de evidenciar sus cualidades profesionales. Una mujer que apenas consigue disimular ante sí misma los profundos temores y las debilidades que acosan su alma.
Elvira vivirá a lo largo de esta historia una verdadera transformación, una metamorfosis, al permitir que una parte oculta de su Ser salga al exterior. Una parte que tal vez jamás debería haber visto la luz.
Su antagonista, Martin, transita por la vida como un ser gris y olvidable. Alguien al que se necesita mirar por segunda vez para apreciar que, tras su aparente invisibilidad, se oculta precisamente la parte más voluminosa del iceberg. Una figura anodina que posee una mirada capaz de penetrar hasta el fondo del alma de quien la observa. Algo que rara vez ocurre. Martin personifica el lado más oscuro y vil del ser humano. Pero no justifica sus actos. No se ampara en conflictos vividos en la infancia o traumas no superados. Simplemente representa el mal en su estado más puro, y así desea ser juzgado.
Sin embargo, Martín sabe que ha llegado hasta el final de su camino. Ha encontrado algo que nunca había sabido que buscaba. Una luz que se ocultaba en el lugar más recóndito de su corazón.
(*): El vasco Juanma Bajo Ulloa, una de los voces más rabiosamente personales del cine ibérico, sin considerarse nunca "un autor" en el más elitista sentido de la palabra, ha conocido todo lo bueno y malo que la profesión puede concederle a quien la ejerce, el éxito comercial y los fracasos, los premios y el ostracismo. Siempre valiente al expresarse y huyendo de lo políticamente correcto, el autor de "Alas de mariposa" y "Airbag" está de regreso en los cines con "El mal", una inquietante fábula moral en la que una escritora es contactada por quien dice ser el mayor criminal de la historia, con la intención de revelarle uno a uno todos sus asesinatos y con ellos escriba un libro.
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¿Quién les interesa más, Elliot Ness o Al Capone, Marion Crane o Norman Bates, Bobby Ewing o JR, Liza o...Bart Simpson? ¿Cómo explicar la irracional atracción del ser humano hacia el lado oscuro? Una seducción que ha propiciado algunas de las historias y personajes más interesantes y legendarios de la historia de la literatura, el teatro, el cine o la televisión. Y, sin embargo, esta extraordinaria comunión con el público y el inconsciente colectivo es habitualmente negada o justificada, tal vez por motivos morales o éticos, o por simple temor a asumir una parte de nuestra Naturaleza.
Esta es una época en la que las viejas fórmulas están definitivamente gastadas. Una época para una generación de espectadores que hace tiempo que ha perdido la inocencia, espectadores que no se conforman con una nueva visión del mismo punto de vista convencional. El cine ha mostrado ya las vísceras, paseado los cadáveres, embadurnado de sangre las pantallas enseñando todo lo que, tiempo atrás, se ocultaba con pudor. Pero hoy el cine puede comenzar a mostrar algo que aún se oculta con vergüenza y temor, el rostro humano escondido en la sombra. La verdadera naturaleza del mal.
La atracción hacia el mal es seguramente uno de los fenómenos más difíciles de explicar en la conducta humana. Sin embargo responde en realidad a una inclinación natural, como natural resulta la atracción entre opuestos, y la curiosidad que sentimos hacia aquello que sencillamente es parte de nosotros y por tanto nos completa. Negativo y positivo, luz y oscuridad, bien y mal, representan abstractas necesarias cualidades del Universo que habitamos.
Las religiones y corrientes espirituales, filosóficas y éticas más populares propician y aplauden la comprensión, la empatía y el perdón entre los seres humanos. En la práctica, pocos seres humanos asumen esta loable premisa. En muchos casos los hombres justifican sus sentimientos de ira, rencor y venganza, y propician mecanismos para disculpar sus posturas menos piadosas. En la mayoría de los casos simplemente agachan la cabeza o miran para otro lado. Por eso tal vez, el arte, y el cine en concreto, ofrece una forma de reproducir sentimientos demasiado inconfesables o presumiblemente ajenos a nosotros mismos. Algo perfecto para ser observado como espectador.
Y de entre todas las malas conductas, de entre todas las acciones reprobables, la más abyecta es sin duda el asesinato. El imperdonable hurto de la vida ajena. La impune visión de un acto homicida nos perturba y horroriza y, sin embargo, no desarrollamos la misma empatía para con todas las víctimas. Y es la propia naturaleza de cada individuo y la cultura social y familiar aprendida la que enfatiza o silencia esa solidaridad.
La capacidad de perdonar es lo que nos hace humanos y únicos, la mayor prueba de amor. Por ello, he intentado concebir al peor de los seres humanos y sugerir al espectador la posibilidad de su perdón. Ese sería para cada uno un hermoso ejercicio personal.
"El Mal" no busca la exhibición o exaltación de la violencia ni de su estética, ni el morbo provocado por su visión, pero sí su sentido metafórico y simbólico.
El aspecto formal y narrativo no es explícito, y persigue un tono realista y no enfatizado. Por supuesto es una historia turbadora, cuya escritura obliga al autor a indagar con dolor y pudor en el más profundo interior y, también, observar a otros en su aparente certeza moral. Pero justamente esta película habla sobre las carencias emocionales y el daño, el horror, que esta falta de amor nos provoca. De que no cultivar el amor, marchita el alma.
"El Mal" se define básicamente como una historia de suspense. Una donde el espectador intuye que algo inquietante va a ocurrir, pero no sabe cómo ni cuándo. Pero también pretende mover al espectador a preguntarse sobre sus propias certezas, sobre su capacidad para amar y asumir su propio inexcusable lado oscuro.
Elvira, la escritora y periodista protagonista, representa la pretendida expresión de fortaleza que en realidad muchos mostramos en base a las exigencias sociales. Una sonriente figura que oculta con cierta habilidad la fragilidad que acompaña a cada persona en su camino hacía un indeterminado final. Una persona llena de cualidades humanas que quedan en parte ocultas bajo su necesidad de evidenciar sus cualidades profesionales. Una mujer que apenas consigue disimular ante sí misma los profundos temores y las debilidades que acosan su alma.
Elvira vivirá a lo largo de esta historia una verdadera transformación, una metamorfosis, al permitir que una parte oculta de su Ser salga al exterior. Una parte que tal vez jamás debería haber visto la luz.
Su antagonista, Martin, transita por la vida como un ser gris y olvidable. Alguien al que se necesita mirar por segunda vez para apreciar que, tras su aparente invisibilidad, se oculta precisamente la parte más voluminosa del iceberg. Una figura anodina que posee una mirada capaz de penetrar hasta el fondo del alma de quien la observa. Algo que rara vez ocurre. Martin personifica el lado más oscuro y vil del ser humano. Pero no justifica sus actos. No se ampara en conflictos vividos en la infancia o traumas no superados. Simplemente representa el mal en su estado más puro, y así desea ser juzgado.
Sin embargo, Martín sabe que ha llegado hasta el final de su camino. Ha encontrado algo que nunca había sabido que buscaba. Una luz que se ocultaba en el lugar más recóndito de su corazón.
(*): El vasco Juanma Bajo Ulloa, una de los voces más rabiosamente personales del cine ibérico, sin considerarse nunca "un autor" en el más elitista sentido de la palabra, ha conocido todo lo bueno y malo que la profesión puede concederle a quien la ejerce, el éxito comercial y los fracasos, los premios y el ostracismo. Siempre valiente al expresarse y huyendo de lo políticamente correcto, el autor de "Alas de mariposa" y "Airbag" está de regreso en los cines con "El mal", una inquietante fábula moral en la que una escritora es contactada por quien dice ser el mayor criminal de la historia, con la intención de revelarle uno a uno todos sus asesinatos y con ellos escriba un libro.
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