Oscar Casas y Ana Mena y su película "Idolos", un estreno enamorado
- por © Lorena Hoyos-NOTICINE.com
El encuentro fue, en principio, estrictamente profesional. Algunos meses antes de que empezara el rodaje, Oscar Casas y Ana Mena coincidieron en una sesión de fotos para una campaña publicitaria de unos grandes almacenes. "Nos conocimos por primera vez fotografiando una campaña de publicidad que hicimos juntos. Nos llevamos muy bien, pero quedó ahí la cosa", detalló el actor en una entrevista a la revista GQ. La cantante, por su parte, matiza aquel primer cruce: "Pero entonces hablamos poco…". El siguiente punto de contacto llegó con un guion. Ambos fueron convocados para protagonizar "Idolos", una película dirigida por el británico Mat Whitecross y ambientada en el mundo del motociclismo de competición, que llega a cines españoles el próximo viernes. En la cinta, Casas interpreta a Edu, un piloto impulsivo y con una carrera al borde del abismo, cuya última oportunidad depende de reconciliarse con el padre que lo abandonó. Ana Mena da vida a Luna, una tatuadora que se cruza en su camino.
Los ensayos previos al rodaje marcaron el reencuentro. "No nos volvimos a ver hasta que empezamos a ensayar", comentó Mena. Fue entonces cuando la impresión mutua comenzó a tomar una dimensión diferente. "La primera impresión que me dio Oscar es que es maravilloso, un chico super positivo, entra por la puerta y ya es la alegría del rodaje y muy buena persona, muy generoso. Ha sido un gran profesional y un gran compañero, tengo mucha suerte de que hayamos coincidido porque me hace muy feliz", confesó la artista a GQ.
Sin embargo, ambos señalan un momento y un lugar concretos como el detonante de lo que luego se convertiría en una relación. Sucedió durante la filmación, en una pausa del trabajo, en Roma. "Creo que fue una noche que estuvimos en Roma", recordó Casas. Ana Mena lo precisa con una sonrisa: "Es verdad, el día del helado. Pues nada, ¡ahí fue el principio del romance! Cuando te hice de guía turística, salimos de colegas a conocer un poco…". El actor interrumpió, fingiendo sorpresa: "¿Ah, sí, de colegas?". Aquel paseo improvisado, bajo la lluvia y sin paraguas, buscando un refugio que resultó ser, según Casas, "de todos los restaurantes ricos que hay allí, el peor", selló un vínculo que trascendió la pantalla.
Desde entonces, han optado por una discreción deliberada sobre su vida privada. "Lo llevamos con mucha normalidad, no nos escondemos de nada, pero solemos ser bastante discretos con nuestra vida privada porque nos gusta ser así", explicó Ana Mena. Oscar Casas amplió la reflexión, exponiendo una filosofía que, según dijo, comparte con su familia: "Siento que si das al público acceso total a tu vida, luego les pertenece de alguna manera y pueden hacer lo que quieran con ello. En mi casa siempre hemos tenido muy claro que queríamos proteger nuestra vida personal y por eso comparto una primera capa muy fina de lo que hacemos, y me pasa lo mismo con mis relaciones".
Para ambos actores, el proyecto "Idolos" representó retos muy distintos. Para Casas, implicó una preparación física rigurosa y un estudio meticuloso del mundo del motociclismo. "Yo ya hacía motocross de pequeño, pero esto es totalmente distinto", confesó. "Estuve un mes y medio entrenando con una Moto2 y con una moto animada para hacerme a las posiciones. Además, hice una bajada de peso importante, porque los chavales de MotoGP son muy delgaditos". En su proceso de construcción del personaje, el actor se inspiró en pilotos reales como Izan Guevara o Aleix Espargaró, analizando sus miradas y sus reacciones.
Para Ana Mena, cuyo personaje es tatuadora, el desafío fue aprender los rudimentos de un oficio que le era ajeno. "Luna es tatuadora y yo no había entrado en mi vida a un salón de tatuajes", confesó. "Me preparé con un coach para saber cómo coger las herramientas y a no meter la pata porque en la película se me ve tatuar". La cantante, que comenzó a actuar a los once años, ve en este film un punto de inflexión. "Idolos ha marcado un antes y un después, tanto en mi carrera como a nivel personal", afirmó.
El rodaje de la película, en la segunda mitad de 2024, coincidió para Mena con un momento de intensa actividad profesional y una crisis creativa personal. La artista reveló que tuvo que descartar completamente un álbum en el que estaba trabajando. "Lo tiré. Pensé que el material no me servía porque necesitaba estar calmada para saber qué es lo que quería. No estaba procesando lo que sentía y no me estaba escuchando", explicó. Ahora, inmersa en la composición de un nuevo trabajo, adelanta que las letras "están siendo mucho más personales y menos cautas, van más al grano, son más directas".
Para Oscar Casas, el film también significó una exploración personal, identificándose con la obsesión de su personaje. "Con Edu pude identificarme mucho con la obsesión. Yo no puedo parar de pensar en cine, en las actuaciones, en las emociones, y esa fijación muchas veces no es positiva, porque te hace estar alejado de la realidad, de tu entorno, de tu familia", reflexionó. El actor también habló de la "doble filo" de ser el hermano menor de Mario Casas, una sombra que reconoce como un motor y, a la vez, una preocupación que le acompañará. "Ser el hermano de Mario es un arma de doble filo, ayuda, claro, pero precisamente por eso hay una cara B que te obliga a luchar mucho más", dijo.
En medio de la promoción de "Idolos", la conversación con GQ derivó hacia una reflexión compartida sobre las relaciones en la era digital, un tema que, señalaron, también se explora en la película. "Amar hoy en día es complicado desde que tenemos todos un teléfono con redes sociales a disposición", aseguró Ana Mena. "Eso ha hecho que nos volvamos muy inconformistas y pensemos que todavía podemos encontrar algo mejor". Casas añadió: "Tener un móvil hace que estemos conectados con el mundo entero en segundos y, a la vez, desconectados de la vida. Vemos todo rápido y estamos enganchados a la dopamina que genera lo efímero".
Preguntados por los pilares para "querer bien" en el siglo XXI, él citó "el respeto y la confianza". "Puede haber problemas y se puede discutir, pero si hay respeto y confianza, todo se puede hablar y se puede entender. ¡Y tiempo!", subrayó. Ana Mena asintió. "El tiempo es lo más valioso que tenemos, porque no vuelve. Por eso, que inviertan tiempo de calidad en estar conmigo y dar tiempo a la otra persona es una señal de que realmente hay un interés, y debe de ser mutuo". La película que los vio pasar de colegas a pareja llegará a las salas en unos días, mientras ellos navegan, fuera de la ficción, la normalidad que han elegido para una relación que nació, casualmente, entre tomas y un helado en Roma.
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Los ensayos previos al rodaje marcaron el reencuentro. "No nos volvimos a ver hasta que empezamos a ensayar", comentó Mena. Fue entonces cuando la impresión mutua comenzó a tomar una dimensión diferente. "La primera impresión que me dio Oscar es que es maravilloso, un chico super positivo, entra por la puerta y ya es la alegría del rodaje y muy buena persona, muy generoso. Ha sido un gran profesional y un gran compañero, tengo mucha suerte de que hayamos coincidido porque me hace muy feliz", confesó la artista a GQ.
Sin embargo, ambos señalan un momento y un lugar concretos como el detonante de lo que luego se convertiría en una relación. Sucedió durante la filmación, en una pausa del trabajo, en Roma. "Creo que fue una noche que estuvimos en Roma", recordó Casas. Ana Mena lo precisa con una sonrisa: "Es verdad, el día del helado. Pues nada, ¡ahí fue el principio del romance! Cuando te hice de guía turística, salimos de colegas a conocer un poco…". El actor interrumpió, fingiendo sorpresa: "¿Ah, sí, de colegas?". Aquel paseo improvisado, bajo la lluvia y sin paraguas, buscando un refugio que resultó ser, según Casas, "de todos los restaurantes ricos que hay allí, el peor", selló un vínculo que trascendió la pantalla.
Desde entonces, han optado por una discreción deliberada sobre su vida privada. "Lo llevamos con mucha normalidad, no nos escondemos de nada, pero solemos ser bastante discretos con nuestra vida privada porque nos gusta ser así", explicó Ana Mena. Oscar Casas amplió la reflexión, exponiendo una filosofía que, según dijo, comparte con su familia: "Siento que si das al público acceso total a tu vida, luego les pertenece de alguna manera y pueden hacer lo que quieran con ello. En mi casa siempre hemos tenido muy claro que queríamos proteger nuestra vida personal y por eso comparto una primera capa muy fina de lo que hacemos, y me pasa lo mismo con mis relaciones".
Para ambos actores, el proyecto "Idolos" representó retos muy distintos. Para Casas, implicó una preparación física rigurosa y un estudio meticuloso del mundo del motociclismo. "Yo ya hacía motocross de pequeño, pero esto es totalmente distinto", confesó. "Estuve un mes y medio entrenando con una Moto2 y con una moto animada para hacerme a las posiciones. Además, hice una bajada de peso importante, porque los chavales de MotoGP son muy delgaditos". En su proceso de construcción del personaje, el actor se inspiró en pilotos reales como Izan Guevara o Aleix Espargaró, analizando sus miradas y sus reacciones.
Para Ana Mena, cuyo personaje es tatuadora, el desafío fue aprender los rudimentos de un oficio que le era ajeno. "Luna es tatuadora y yo no había entrado en mi vida a un salón de tatuajes", confesó. "Me preparé con un coach para saber cómo coger las herramientas y a no meter la pata porque en la película se me ve tatuar". La cantante, que comenzó a actuar a los once años, ve en este film un punto de inflexión. "Idolos ha marcado un antes y un después, tanto en mi carrera como a nivel personal", afirmó.
El rodaje de la película, en la segunda mitad de 2024, coincidió para Mena con un momento de intensa actividad profesional y una crisis creativa personal. La artista reveló que tuvo que descartar completamente un álbum en el que estaba trabajando. "Lo tiré. Pensé que el material no me servía porque necesitaba estar calmada para saber qué es lo que quería. No estaba procesando lo que sentía y no me estaba escuchando", explicó. Ahora, inmersa en la composición de un nuevo trabajo, adelanta que las letras "están siendo mucho más personales y menos cautas, van más al grano, son más directas".
Para Oscar Casas, el film también significó una exploración personal, identificándose con la obsesión de su personaje. "Con Edu pude identificarme mucho con la obsesión. Yo no puedo parar de pensar en cine, en las actuaciones, en las emociones, y esa fijación muchas veces no es positiva, porque te hace estar alejado de la realidad, de tu entorno, de tu familia", reflexionó. El actor también habló de la "doble filo" de ser el hermano menor de Mario Casas, una sombra que reconoce como un motor y, a la vez, una preocupación que le acompañará. "Ser el hermano de Mario es un arma de doble filo, ayuda, claro, pero precisamente por eso hay una cara B que te obliga a luchar mucho más", dijo.
En medio de la promoción de "Idolos", la conversación con GQ derivó hacia una reflexión compartida sobre las relaciones en la era digital, un tema que, señalaron, también se explora en la película. "Amar hoy en día es complicado desde que tenemos todos un teléfono con redes sociales a disposición", aseguró Ana Mena. "Eso ha hecho que nos volvamos muy inconformistas y pensemos que todavía podemos encontrar algo mejor". Casas añadió: "Tener un móvil hace que estemos conectados con el mundo entero en segundos y, a la vez, desconectados de la vida. Vemos todo rápido y estamos enganchados a la dopamina que genera lo efímero".
Preguntados por los pilares para "querer bien" en el siglo XXI, él citó "el respeto y la confianza". "Puede haber problemas y se puede discutir, pero si hay respeto y confianza, todo se puede hablar y se puede entender. ¡Y tiempo!", subrayó. Ana Mena asintió. "El tiempo es lo más valioso que tenemos, porque no vuelve. Por eso, que inviertan tiempo de calidad en estar conmigo y dar tiempo a la otra persona es una señal de que realmente hay un interés, y debe de ser mutuo". La película que los vio pasar de colegas a pareja llegará a las salas en unos días, mientras ellos navegan, fuera de la ficción, la normalidad que han elegido para una relación que nació, casualmente, entre tomas y un helado en Roma.
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