Agnieszka Holland presentó en la Seminci su crónica de la lucha "entre el bien y el mal" en la frontera de la UE

por © Jon Apaolaza (Valladolid)-NOTICINE.com
Agnieszka Holland (J.A.)
Agnieszka Holland (J.A.)
La polaca Agnieszka Holland está feliz por el reciente cambio político en su país. El anterior gobierno ultraconservador y escasamente europeista, atacó duramente a la película "Zielona granica" (Frontera verde), que el sábado presentó en la Seminci de Valladolid. La veterana cineasta ha sido protagonista por partida doble en el certamen castellano, ya que también recibió una Espiga de Honor al ser presidenta de la Academia del Cine Europeo (EFA).

Como ciudadana del mundo que es, y luego de trabajar en numerosos países, Holland se sintió muy interesada por la situación en la frontera entre Bielorrusia y Polonia. El dictador bielorruso Lukashenko auspició la llegada a su país de inmigrantes asiáticos y africanos, para que desde allí pudieran acceder a la Unión Europea a través de Polonia. La "Frontera verde" boscosa entre ambos países se convirtió en escenario de un cruel juego de ping pong entre ambos países, con miles de personas convertidas en pelotas, a las que se arrojaba de un lado a otro de las alambradas. "Prohibieron en mi país el acceso a la prensa y convirtieron ese lugar en una zona cerrada para que no se viera lo que hacían", recuerda Agnieszka Holland. De ahí surgió su interés en dramatizar los hechos que estaban sucediendo, denunciados por las organizaciones defensoras de los derechos humanos.

"Zielona granica", filmada en blanco y negro, contempla los acontecimientos desde varios puntos de vista: el de los propios inmigrantes, el de la policía fronteriza polaca, el de los activistas que intentan ayudar a los viajeros y el de una psicóloga residente en la zona que toma conciencia de la situación.



La película, que se rodó discretamente para no alertar a las autoridades polacas, tuvo un notable impacto el pasado septiembre en la Mostra de Venecia, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado. Su repercusión animó al gobierno ultraconservador, que inició lo que Holland califica de "campaña de odio" contra ella y su película. Ministros y el propio presidente la atacaron por "difamar a la policía y al país".

"Fue una campaña absurda de odio. Todo el mundo nos atacó con brutalidad y sin siquiera ver la película", cuenta la cineasta, quien cree que su visión es equilibrada y muestra los diferentes puntos de vista del asunto. Holland considera que la de Polonia y Bielorrusia, donde la situación -recuerda- sigue candente, es solo una más "de las muchas fronteras que hay en el mundo", en las que la violencia se convierte en arma política, y hay lo que ella llama la eterna guerra entre el bien y el mal. "Y no creo que las fuerzas del bien estén ganando", sentencia.

"Zielona granica" cuenta con una diversidad de actores de diferentes nacionalidades, algunos de los cuales vivieron hechos bastante parecidos a los que se cuentan en la película. Holland se confiesa enamorada de todos ellos. "He rodado en diferentes países. Puede que los equipos técnicos no siempre se parezcan, pero sí he visto que los actores son iguales en todas partes. Tienen la misma entrega, las mismas necesidades e idéntica generosidad".

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