Crítica SANFIC: "Lo habitado", retrato de una juventud marginal

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"Lo habitado"
"Lo habitado"
Por Juan Pablo Russo    

Protagonizada por Nehuén Bernardini, Gonzalo Casco, Lara Vivas y Luca Iriberri, la coproducción chileno-argentina "Lo habitado" (2021), opera prima de Martín Emiliano Díaz, se ha presentado en el SANFIC de la capital chilena. Se trata de un minimalista retrato sobre una juventud marginal que no logra crear sentido de pertenencia frente a la hostilidad (y el hostigamiento) familiar, social e institucional.

La película se centra en dos jóvenes que ocupan una vieja casona abandonada en un barrio periférico del conurbano bonaerense. La casa, perteneciente a un hombre tosco y solitario, que falleció hace algún tiempo, no fue reclamada por ningún familiar. Santiago y Miguel divisan en ella una posibilidad de vivienda ante el entorno de inestabilidad socio-afectiva que les rodea. Más tarde su sumarán dos amigos, Mercedes y Facundo, que usarán el espacio como un lugar transitorio. El cuarteto de adolescentes busca crear un entorno seguro frente a la inseguridad exterior, mientras debaten sobre democracias, anarquías, formas de gobierno, políticas de exclusión y el rol de la juventud en un futuro cercano.

"Lo habitado" (2021) es una película corrida del eje de aquello que pareciera ser una norma. Tanto en la vida como en el cine. Filmada de manera independiente no se centra en personajes radicales. Sus cuatro protagonistas son jóvenes comunes. No son ni esbeltos, bellos y frívolos como los modelos que aparecen en las series de moda ni estigmatizados como aquellos que retratan las historias periféricas sobre narcos, villas y demás. Son cuatro personajes incomprendidos por su familia y la sociedad que no solo buscan cambiar su propio mundo sino también el mundo de los demás.

Díaz elige mostrar a los personajes entre diálogos que nada tienen de banal, lecturas sociológicas y discusiones políticas fuera de todo partidismo. Mientras en el exterior el peligro acecha. La puesta en escena se divide entre planos cerrados, que hacen foco en pequeños detalles del interior, y un fuera de campo del peligro exterior. Un plano sonoro, en un segundo plano casi constante, que representa la violencia institucional que los acecha. Una violencia signada por las fuerzas de seguridad pero que es mucho más amplia. Una violencia tan real como metafórica que deja a estos jóvenes sin futuro, que les olvida y margina.  

Hace ya tiempo que el cine austral dejó de lado cierta rebeldía para posicionarse en una zona de confort que evita asumir ciertos riesgos narrativos y estéticos a la hora de retratar mundo reales y complejos sin caer en extremismos y estereotipos. Lo habitado es una película rebelde, "guerrillera", que no busca la corrección política, ni tampoco la incorrección, sino la honestidad, por más brutal que esta sea, apelando al cine de ficción como una forma de representación de la realidad.

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