Mi primer año en Berlín: "Taxi", de Jafar Panahi

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Jafar Panahi conduce su 'Taxi'
Por José Romero Carrillo *

Todos los cinéfilos sabemos del arresto domiciliario que el gobierno iraní ha impuesto al cineasta Jafar Panahi, que no tiene más objetivo que el silenciarlo creativamente. "Taxi" es la tercera producción que nos ofrece  -y tampoco sabemos por qué medios llega a los festivales- desde su obligada reclusión. Panahi empeñado siempre en  darle la vuelta a la sentencia, realiza películas cada vez más sagaces. Ahora, para sorpresa de todos pareciera haberse  auto-conmutado su prisión domiciliaria por una en cuatro ruedas e interpretando(se) como un conductor de taxi en un día cualquiera y en las calles de la Teherán actual.

El automóvil provisto de pequeñas cámaras registra todo lo que su interior sucede y el director no oculta en ningún instante la presencia de éstas. Es justamente en este periplo urbano y los ocasionales clientes los que revelan ante los espectadores  nuestros ojos una certera radiografía del Irán de nuestros días. Panahi (aparentemente) desprovisto de un guión formal, se entrega a un recorrido azaroso y permite que sus pasajeros sean -a través de sus deliciosos diálogos naturales- los que esbocen este retrato del país.

Por su interior desfilan desde un ciudadano algo machista, una profesora, un diligente vendedor a domicilio de películas pirata, un cliente de este último con aspiraciones de ser cineasta, una señora y su accidentado esposo, dos hermanas que transportan una pecera de una enorme importancia, un viejo amigo del barrio y una pequeña y locuaz sobrina a cual recoge de su escuela. Con la complicidad involuntaria de aquellos, Panahi realiza la que quizá sea - y cosa no vista hasta ahora- la película más entretenida y sugerente de toda su carrera.

El planteamiento estético de Panahi sigue coherente e incluso radicaliza esa línea crítica que ha marcado su cine. Solo que ahora va más allá, quebrando los límites de la ficción y el documental. El cineasta cercena la realidad, apuesta por mover sus diminutas cámaras a la conveniencia de su discurso y eso, obviamente lo distancia de lo que debería ser una mirada documental. Incluso hay un cuestionamiento de parte del vendedor de películas que en primera instancia lo reconoce y le pregunta si los pasajeros que le antecedieron eran actores contratados, y el director / protagonista nunca le resuelve su duda.

Bajo lo entretenido que resulta este "Taxi", lo que subyace es lo que más interesa: la férrea postura contra el establisment político y judicial, que incluso va más allá hasta las mismas y añejas tradiciones de su patria. Y el asignarse el rol de este taxi driver es ya una osadía en sí misma y una indiscutible declaración de principios. Ahora solo queda esperar la reacción de su gobierno y el destino que le traerá  este nuevo emprendimiento fílmico.

(*): Tras años de cubrir para NOTICINE.com festivales en América Latina, el crítico José Romero Carrillo está este año por primera vez en la Berlinale, y nos comparte sus impresiones sobre títulos claves del certamen.

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