Crónicas de la crisis y la familia en Cannes con "Louder than bombs" y "La loi du marché"

por © Carolina G.Guerrero (Cannes)-NOTICINE.com
Vincent Lindon, favorito para el premio de interpretación


Arrancó este lunes la segunda semana de competición en el Festival de Cannes con dos dramas intensos, uno en torno a la familia y las consecuencias de la muerte de la madre, en "Louder than bombs", del noruego Joachim Trier, y en un tono más social "La loi du Marche", del francés Stéphane Brizé, en el que brilla con luz propia su protagonista, Vincent Lindon, un cincuentón en paro. Se trata de dos films autorales pero accesibles.

Trier se fue a Estados Unidos, para de la mano de actores europeos y estadounidenses (Isabelle Huppert, Gabriel Byrne, Jesse Eisenberg...) y con producción europea contar un melodrama familiar en el que la originalidad está más en el rigor del tratamiento que en la historia, mil veces narrada en todas partes. Asistimos a cómo una familia en la que la comunicación no es fácil tiene dificultades en asumir la muerte de la madre (Isabelle Huppert), reportera accidentalmente desaparecida.

Película que pivota entre la ausencia y el duelo que provoca, esta tercera obra del director noruego no llega a la altura de su previa "Oslo, 31 de agosto", pero no deja de ser interesante. El grueso de la acción arranca cuando el viudo y los dos hijos, uno ya adulto y el otro adolescente, se reunen con motivo de una exposición que se prepara en honor de la periodista, tres años después de su desaparición. Será un momento de reproches, dolor, y de rememorar el pasado, mezclando realidad con sueños, en el que con voluntad de rizar el rizo, Trier acaba perdiendo un poco el rumbo.

Más claras tiene las cosas Brizé, que -siendo él mismo actor- regala a Vincent Lindon un personaje redondo, del que el intérprete galo saca todo su jugo. En la línea de los Dardenne y muy emparentado temáticamente con el último trabajo de los hermanos belgas, "La loi du Marche" (La ley del mercado) nos presenta a un hombre ya en la cincuentena, desempleado desde hace más de un año, y rechazado en la mayoría de las entrevistas laborales a las que acude. Tiene una familia que mantener, situación que se agrava por tener su hijo una incapacidad que requiere educación especial.

Thierry, despedido de su fábrica, cerrada a pesar de la buena situación de su empresa matriz, no es un corderito, pero tiene que tragarse de mala manera su rebeldía contra un sistema inoperante para sacar a flote su familia. Su caso es el de muchas personas ahora mismo en Francia, España y el resto de los países que sufren la crisis iniciada del otro lado del océano. La ayuda social no le llega. Tampoco le sirven los cursillos que se ve obligado a seguir para intentar "reciclarse", y definitivamente su edad no le ayuda en absoluto.

Al final acaba siendo aceptado en un puesto que no sólo no tiene nada que ver con su previo trabajo, sino que en lo más íntimo de su ser le repugna: vigilante de seguridad en una gran superficie, encargado de detectar a los que se llevan productos. Al principio, sigue las instrucciones al dedillo, riñe al anciano que se ha guardado dos paquetes de filetes, pero poco a poco va cediendo, va callando, mira a otro lado. Y es ahí donde el talento de Lindon se crece, a la hora de expresar con sus miradas y gestos el dilema moral al que su personaje debe enfrentarse a diario. Un gran papel para un gran actor, que sin duda estará en el pensamiento del jurado a la hora de repartir premios de interpretación.

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