Arturo Ripstein, en Venecia con "La calle de la amargura": "México es un pais de egoístas y de gente envidiosa"

por © M.H. (Venecia)-NOTICINE.com
Arturo Ripstein
Ripstein toma un refresco de cola y enseña su documento de identidad español como para justificar que ésta sea una coproducción, a pesar de lo 100% mexicano de su historia, basada en el asesinato real de dos prostitutas maduras a dos luchadores enanos, a los que quisieron robar y se pasaron con la dosis del somnífero. Eso es "La calle de la amargura", película que se proyectó fuera de concurso en la Mostra de Venecia, donde recibió otro homenaje por sus 50 años como director. Le duele que no lo valoren en su país -"de egoístas"-, pero aún más no haber hecho una gran película en este medio siglo, nos cuenta en entrevista exclusiva junto a su mujer y guionista, Paz Alicia Garciadiego.

- Paz Alicia, creo que fue usted en solitario la que quedó prendada de la historia y la escribió antes de hablarla siquiera con Arturo...
P.A.G.: Sí, estábamos filmando otra película cuando sucedió el crimen. Lo leí, me encantó, pero Ripstein estaba filmando. No es el mejor momento cuando uno hace un película hablar de sugerencias para la próxima. Me conmovieron el par de putas cuando comparecieron ante las cámaras. Los mataron, por supuesto, pero me parecieron un par de mujeres desorientadas y azoradas por lo que habían hecho. Esta especie de inconsciencia ante la fatalidad me llamó la atención. La casualidad de que dos luchadores enanos e idénticos, nacieran el mismo día y murieran el mismo dia y en la misma cama... A partir de eso surge el escándalo y la conmoción de los medios. Me atrajo mucho la idea del destino inexorable a espaldas de uno y de la conciencia, tanto para los enanos como para las mujeres.

- Arturo, siempre se ha dicho que su cine tiene toques surrealistas... Aquí no debió necesitar añadir nada...
A.R.:Cuando llegó André Breton a México, a visitar a Diego Rivera y Frida Kahlo, decidió hacer un mapamundi del surrealismo, que es muy peculiar, porque México aparece mucho más grande que Estados Unidos, ya que lo consideraba el país más surrealista del mundo. Es inevitable. Buñuel, cuando llegó a México venía de un grupo surrealista, con unos énfasis en cierta política determinante y encontraron una serie de manifestaciones precisas de lo que era el insconsciente o el mundo de los sueños, y va Buñuel y lo busca. El surrealismo en México está ahí y es muy delirante. Hay que tener mucho cuidado cuando filmas de no caer en la tentación de ver la realidad como tal, porque es inexplicable.

- Cómo ha vivido el lanzamiento de la película aquí, este estreno mundial de "La calle de la amargura".
A.R.: La vi una sola vez, sentado entre el público, que es una de las formas más feroces de la tortura. Ver una película que hiciste y ya la viste un montón de veces antes, al editar y postproducirla. Cuando la ves sentado con público sólo esperas que salga el título de fin, ya desde el segundo minuto.  Cuando por fin se acabó y la gente se levantó y aplaudió fue muy reconfortante. Es un momento muy escabroso ver la película con el público.
P.A.G.: Estoy muy contenta, fue una recepción muy cálida y buena. Un muy buen comienzo, aunado al tributo que le dieron a Ripstein, ¿cómo vamos a estar?, fascinados....

- En el balance de este medio siglo de cineasta, se le quedó alguna espinita clavada, algo que no pudo hacer o quisiera enmendar... Por ejemplo, siempre se ha dicho que a usted lo reconocen más fuera que en México...
A.R.:Por supuesto. Uno de pronto es de dónde es, y no estaría mal que uno lo apreciaran, pero finalmente México es un pais de egoistas y de gente envidiosa y difícil, males de que los que padezco gozosamente. No se permite uno darse el lujo de admirar no sólo a los contemporaneos, sino a los paisanos, los inmediatos, a los cercanos. Pero no es una de mis preocupaciones más graves que no les guste o no les importe mi trabajo en Mexico. Lo que hubiera querido es que todas mis películas fueran buenas, haber hecho una gran película en estos cincuenta años, y no la hecho. De haberlo logrado, me habría sentado a tomar la vida con mas respiro. Depende casi unicamente de la suerte. Uno puede tener una enorme facilidad, incluso talento, que es algo incomprensible y dificil de definir, puede tener las opciones de libertad, pero ni siquiera con eso en conjunto salen las cosas. Todo tiene que estar envuelto en la muy buena suerte. Si no no hay nada que hacer. He sido afortunado por tener una carrera larga y haciendo más o menos lo que he querido, pero lo que me hubiera gustado es hacer una gran película, y esa espinita en el corazón y en los ojos la sigo teniendo...

- Dígame alguna de esas grandes películas que le hubiera gustado hacer...

A.R.: "Los siete samurais", "El ángel exterminador", "La Dolce Vita"... Podemos estar así muchas horas.

- Entonces no son tan escasas...

A.R.:Sí, por supuesto que hay unas cuantas, si no las hubiera podríamos vivir tranquilos, pero ahí están estos que son los paradigmáticos, pero ahí no llego, y me cuesta mucho trabajo. Es el triste canto del gallo enano, que en brincar y no alcanzar se la pasa todo el año...

- Entonces, no tira la toalla...
A.R.: Antes tenía mas energía y resistencia a la frustración. Ahora voy más cautamente pero con cosas un poco más sólidas. Seguiré haciendo esto hasta que el cuerpo aguante.

- ¿ Y le queda por hacer?
Una buena película... Es una aspiración de proporciones universales de enormidad...

- Muchos jóvenes cineastas mexicanos empiezan mirando hacia Hollywood y queriendo brillar allá. Nunca ha sido su caso.
A.R.: Es muy frecuente ahora ver a muchísimos cineasta que empiezan su carrera jóvenes y no tanto que lo que quieren es hacer cine en Hollywood, pero es aventura dificilísima. Lo han logrado tres o cuatro mexicanos, pero hay montonales que regresan llenos de cicatrices, que no lo logran. No es una de mis esperanzas. Nunca he tenido decir a hollywood: 'No, muchas gracias',  porque no me han invitado, y la verdad es que ir a buscar trabajo mientras vendo carteritas en el metro, la verdad es que ya no... Además nunca fue una de mis opciones en la vida.

- ¿Tiene la sensación que esta película, "La calle de la amargura", sí tiene posibilidades de gustar en México?
A.R.:No tengo la menor idea. Quisiera creer que sí. Es muy reconocible lo que ocurre en la pantalla. A mi hay una cosa que siempre me contaban cuando aprendía narrativa, que hay que buscar una identificación entre un personaje y el público. Pero yo nunca he sabido cómo se hace eso. No supe cómo hacer para conectar un personaje, una situación, una atmósfera... con la sensibilidad general. Hago lo que puedo.
P.A.G.: Sí tiene un elemento que la hace distinta, que los personajes siendo atroces como todos los personajes que hacemos tanto Ripstein como yo, sin embargo estas dos mujeres son muy fáciles de comprender y a través de su amistad entre ellas, simpatizar con ellas, decir "pobrecitas"... Es un caso como quizás el de "Profunda carmesí", en el que el público está con ellos a pesar de que maten a varias personas. En este caso es por la vieja amistad y sus valores. Es un elemento que puede ser accesible para el público, esa empatía con los personajes, para el mexicano y latinoamericano en general. Además, es una historia que va jalando, que va llevando.

- Se ha dicho que recuerda a los clásicos de la Epoca de Oro del cine mexicano...
P.A.G.: Tiene que ver con los clásicos del cine mexicano y de la literatura en español. Hay, sin que haya sido exprofeso, las raíces inevitables de Valle Inclán, de la picaresca española, y esas raíces profundamente en la ciudad de México, en su centro. Es una película más que mexicana chilanga, de la misma Ciudad de México.

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