La necrofilia continúa en la competencia donostiarra con "Amama" y "Eva no duerme"

por © Carolina G. Guerrero (San Sebastián)-NOTICINE.com
Agüero con tres de sus actores de ''Eva no duerme''


El 63 Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en lo que va de competencia, se esta reiterando quizás en exceso en el tema luctuoso en casi todas sus cintas, y este lunes no ha sido menos, aunque no desvelaremos finales, lo cierto es que la muerte planea por todas las cintas de la sección oficial hasta el momento. El turno fue esta vez para la argentino-franco-española "Eva no duerme", de Pablo Agüero, y la vasca "Amama", de Axier Altuna.

La jornada de este lunes comenzó con "Amama", el último trabajo del director vasco Axier Altuna, una cinta en euskera que ha gustado en general, y que ha sido aplaudida al terminar, aunque para los no vascos no haya resultado demasiado interesante. Como escenario, la Euskadi rural del baserri (caserío), y como tema principal algo tan palpable y real como el matriarcado vasco. En ella se muestra el inmovilisimo de no querer abrirse a lo nuevo, y quedarse en las costumbres ancestrales y tradicionales. Sus interpretes son  Kandido Uranga, Iraia Elias, Amparo Badiola y Klara Badiola, entre otros.

La trama nos acerca a una familia donde la presencia de la mujer y la edad tienen poder, una abuela (es lo que significa el título en español), que sin decir nada -esa ausencia de expresividad en los sentimientos tan propia de esta tierra- parece que lo dice todo. Algunos han calificado esta película como "Poema vasco hecho de silencios".

No hacen faltas palabras, con una mirada y silencios prolongados basta para hacerse entender. La cinta muestra unas hermosas imágenes en su fotografía, mostrando el medio rural del país.

La cinta se rodó en los bonitos bosques de Artikutza, que por sí mismos están llenos de poesía visual, con ese verde tan intenso, y esos troncos plagados de musgo y rodeados de frondosísima vegetación, como un Amazonas, pequeño, intimo, apartado de la modernidad y lo urbano, donde el caserío es el epicentro y el refugio.

Después del éxito de "Loreak", parece que el cine euskaldun se va abriendo al mercado y llegando a un publico no solo local, aunque en este caso la cinta trata un tema mucho más costumbrista e intimista. Habrá que esperar a ver si esta vez funciona tan bien -sobre todo fuera- como la cinta vasca propuesta este año para ir en la terna española para el Oscar.

La segunda del día ha sido una cinta argentina dirigida por Pablo Agüero, joven director nacido en Mendoza pero afincado en Francia, que participó en Cannes con su película "Salamandra" (2008), y se alzó con el premio al mejor director en este festival de San Sebastian con "77 Doronship" (2009).

Evita ha muerto, la madre de los descamisados, la princesa de Argentina ha dejado de existir, pero aun después de muerta no deja de ser un símbolo, un botín, una rehén de su mito en la Historia.

Eva, una mujer poderosa en vida, y ahora en muerte, amada y venerada por el pueblo peronista y odiada por muchos otros estamentos del país argentino.

Agüero mezcla acción ficticia con documentales de la época, que muestran un país conmocionado, un funeral faraónico, y un posterior embalsamamiento, que corre a cargo de uno de los mejores especialistas del país, personaje que interpreta el español Imanol Arias.

Este hombre tardara años en acabar su "obra", hasta llegar a la perfección, con unas imágenes del proceso que dejan al espectador en un estadio extraño y perturbador.

La cinta impacta, revuelve, remueve, es incomoda, algo morbosa, en realidad mostrando una ínfima parte del horror de aquellos episodios, de aquellos años de terror que vivió el país.

Esos retazos de fotografías y de documentales exhiben cómo Ella lo llenaba todo con su carisma y su fuerza ante las masas... "Mi mamita es una rosa, Evita es una estrella, los pobres de la tierra, se están mirando en ella".

La adorada, deambuló inerte por medio mundo, y aunque esta cinta no muestra el macabro peregrinaje en sí, asistimos a algunos hechos aislados, como el primer traslado y enterramiento de Maria Eva Duarte, o el secuestro y posterior fusilamiento del auto-proclamado presidente, General Pedro Eugenio Aramburu.

Abundan los planos cortos de todos los personajes que aparecen en la oscura y perturbadora escena, rojo de sangre en sus créditos iniciales, y en algunas de las escenas del embalsamamiento que resultan realmente impactantes y  escalofriantes para el espectador.

Hubo silencio absoluto a la finalización de su primer pase en el teatro Victoria Eugenia, una cinta que te deja frío, destemplado, aterrado. La aventura postmortem de los restos de las reina de los descamisados es una magnífica historia, que quizás hubiera merecido mayor presupuesto, ambición y un tratamiento menos autoral, que el de Agüero.

El horror que un pueblo vivió y, la peregrinación de su primera dama, como una santa sin canonizar, como una reliquia valiosa que algunos se disputan y que, después del destierro, finalmente entierra un militar que la odiaba (Gael Garcia Bernal), en los albores de los años 70. Fue el encargado de "inmovilizarla" para siempre, la que él y algunos llamaban "Esa yegua, esa hembra", bajo más de seis metros de cemento armado para la eternidad.

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