Crítica: "Pinamar", profunda simplicidad frente al mar

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"Pinamar", del argentino de Federico Godfrid.

Por Edurne Sarriegui    

"Pinamar" es el primer trabajo en solitario de Federico Godfrid, argentino que previamente dirigió "La Tigra: Chaco" junto a Juan Sasiaín. Después de su paso por varios festivales de cine llega el estreno comercial de este drama intimista que apunta al vínculo fraternal como eje central de su argumento.

Pablo (Juan Grandinetti) y Miguel (Agustín Pardella) son dos hermanos que transitan ese momento de la vida en el que la adolescencia va quedando atrás pero todavía la adultez no alcanzó su plenitud. O casi, porque la muerte reciente e inesperada de la madre sumerge a los hermanos en un duelo y les obliga a encarar acciones propias de adultos, como la decisión de vender el departamento donde pasaron las vacaciones de su infancia y adolescencia. Llegado el momento de concretar esa venta, viajan a la ciudad de Pinamar para, de paso, tirar las cenizas de su madre en el mar y recuperar algunos recuerdos que permanecen en la casa. Al llegar se encuentran con la encantadora Laura (Violeta Paluka) y con otros amigos con los que han compartido los veranos.

La ciudad de Pinamar, situada en el litoral atlántico de la provincia de Buenos Aires, tiene la característica –compartida con muchos pueblos de la misma zona– de recibir miles de visitantes durante la temporada estival para quedar casi desierta una vez que ésta acaba. El paisaje primaveral y solitario de la ciudad, con un dejo de melancolía, sirve como marco para desplegar la historia de los vínculos fraternales, con su mezcla de rivalidad, competencia y, sobre todo, de complicidad y lealtad. En apariencia, los hermanos no pueden ser más distintos.

Miguel, extrovertido y sociable, no quiere dejar pasar la ocasión de reunirse con sus amigos y pasarla bien. Pablo, más retraído y reservado, no evita hacer notar a su hermano que no hay lugar para la diversión en ese momento y está concentrado en terminar los trámites, rescatar algún recuerdo de la casa y volver a su trabajo en Buenos Aires. La presencia de Laura hace aparecer un conato de rivalidad entre los hermanos que se diluye rápidamente para que florezca el amor en un momento tan impensado como un duelo.

Se le nota su formación como profesor de directores de actores a Godfrid. En la cinta consigue sacar a relucir lo mejor de Grandinetti, Pardella y Paluka para contar una historia que por simple no deja de ser profunda. Logra junto a la guionista, Lucía Möller, una historia efectiva que fluye naturalmente. Retratan un drama, sin recurrir a golpes bajos, en el que la vida se impone al dolor.

"Pinamar" es un film que narra una historia sencilla de una manera muy personal, en el que la ausencia de palabras no constituye un obstáculo para que el interés nunca decaiga. La empatía que logran sus personajes sin invocar a ningún tipo de desborde ni grandilocuencia da crédito al mérito del realizador y nos hace esperar expectantes su próximo trabajo.


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