Crítica: "Sólo se vive una vez", usar y tirar

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"Sólo se vive una vez"
Por Edurne Sarriegui    

"Solo se vive una vez" es el debut en la realización de un largometraje del argentino, especialista en escenas de acción y dobles de riesgo, Federico Cueva. A la larga trayectoria de su carrera, ahora se suma la dirección de esta trepidante comedia de acción, de coproducción hispano-argentina,  en la que los chistes y los gags se suceden uno tras otro, sin buscar nada más que un espectáculo efímero.

Leo (Peter Lanzani) es un buscavidas que vive de lo que puede, siempre al margen de la ley. Su última idea para ganarse el sustento consiste en filmar a hombres adinerados en situaciones comprometidas para después chantajearles. Cuenta para ello con la colaboración de su amiga Flavia (China Suárez). Esta vez se trata de engatusar al empresario Sergio González (Carlos Areces) que ha desarrollado una fórmula para conservar la carne durante mucho tiempo sin necesidad de  refrigerarla. Esto despierta la codicia de un poderoso grupo empresario dirigido por un francés, Duges (Gerard Depardieu), que más bien parece un gánster por sus actitudes. Ante la negativa del empresario a entregar la fórmula, que todavía necesita cambios pues es sumamente dañina para los consumidores, un grupo de maleantes liderados por Tobías López (Santiago Segura) y enviados por el sanguinario Duges sorprenden al desprevenido González cuando tiene un encuentro con Flavia. Mientras tanto, Leo se dispone a filmar todo permaneciendo oculto. De esta manera, se convierte en testigo involuntario de un crimen, además de depositario de la fórmula que le entrega Flavia con su último aliento.

Una vez descubierto, todo esto convierte a Leo en el objetivo de los matones que además de eliminarlo quieren recuperar la fórmula. En su huida, Leo se incorpora  a un grupo de judíos ortodoxos que, procedentes de todo el país, se reúnen con el rabino Mendi (Luis Brandoni) para reafirmar sus creencias. Allí conoce a Yosi (Darío Lopilato), un joven judío secretamente enamorado de Sara (Arancha Martí), la hija del rabino. También recurre a su hermano Agustín (Pablo Rago), sacerdote católico que está cansado de las andanzas de Leo, siempre en problemas con la ley.

Uno de los objetivos  del guion, bastante simple en su estructura, es hacer lugar a un gran número de personajes que en mayor o menor medida y con diferentes actitudes buscan la comicidad. Los chistes y los gags se producen uno tras otro sin descanso, haciendo referencia a temas de índole religiosa en ocasiones y remedando a muchas películas que se hacían en Argentina hace treinta años reproduciendo sus arquetípicos personajes.

La otra intención del guion es hacer lugar a una innumerable cantidad de explosiones, tiros, peleas y vehículos que vuelan por los aires en las avenidas porteñas.

Esto último es lo mejor de la cinta. Se nota el pulso firme del especialista Cueva que consigue escenas de acción bien filmadas. Mientras tanto, la mayor debilidad se encuentra en los personajes sin mayor profundidad -que recuerdan a los de los programas cómicos televisivos- y que hacen poco más que producir una catarata de chistes que por otra parte no siempre resultan efectivos.

El exceso de personajes, chistes y acción de "Solo se vive una vez" tiene la clara intención de llegar a una buena cantidad de público que busca el entretenimiento intrascendente que aporta este tipo de producciones sin pretender ser serias en ningún momento. Es como volver al pasado y ver de nuevo viejas películas. Avisados están…
 
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