Crítica: "Alptraum", experimento para cinéfilos

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"Alptraum"
Por Edurne Sarriegui    

La argentina Ana Piterbarg, que contó con una figura de talla internacional como Viggo Mortesen como protagonista de su primer largometraje "Todos tenemos un plan", estrena ahora su segundo trabajo con el que da un giro de ciento ochenta grados. "Alptraum" es un drama experimental en el que se confunden realidad e irrealidad, vigilia y ensueño, recreando la confusión de su protagonista y contagiándola al espectador.

La cinta se inicia con una presentación en alemán en la que se narra la leyenda del Krampus, un ser mitológico de origen austriaco con puntos en común con el Minotauro griego por su condición de bestia humana y por vivir en un laberinto.

Andreas (Germán Rodriguez), un  actor y dramaturgo sin mucho éxito, vive en un departamento prestado después de separarse de su novia. Es atormentado por pesadillas que involucran al monstruo de la leyenda mientras se relaciona con Hanna, su nueva vecina, ensaya una obra de teatro experimental y trata de reconstruir la relación con su novia.

Filmada en blanco y negro, "Alptraum" ("Pesadilla" en alemán) trata de lograr un clima en el que lo onírico y las alucinaciones se confunden con la realidad creando un marco surrealista en el que se desarrolla el día a día de Andreas.

"Alptraum" es un film difícil de ver. Con una impronta de película experimental, resulta confusa. Introduce al espectador en el laberinto de la leyenda en el que se encuentra prisionero el protagonista y que, aparentemente, no conduce a ninguna parte.

Plagada de simbolismos, solo resulta apta para espectadores profundamente conocedores de leyendas bávaras o para cinéfilos fanáticos en busca de novedades.

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