Crítica: "A oscuras", historias nocturnas en Buenos Aires

por © NOTICINE.com


Por Edurne Sarriegui    

Se estrena en salas comerciales argentinas "A oscuras" (2019), dirigida por Victoria Chaya Miranda y con guioón de Carla Scatarelli. En esta obra coral, dramática y oscura como su título indica, la directora de "Eso que llaman amor" (2015) relata tres historias de personajes que transitan situaciones límite.

Ana (Guadalupe Docampo) es una joven que llega a Buenos Aires con la ilusión de lograr el éxito como bailarina pero cae en una relación abusiva con su novio Victor ( Alberto Ajaka) que le impide seguir su sueño. Lola (Ester Goris) fue en su momento una gloria del cine nacional. Hoy apenas atrae algún espectador a una solitaria sala de teatro y tiene un único e incondicional amigo y admirador (Germán De Silva). El dolor por algún hecho terrible de su vida le ha llevado a caer en la adicción al alcohol y los fármacos y es incapaz de relacionarse con el afecto. Lucio (Francisco Bass) es joven y exitoso. Dirige un local nocturno que sirve de pantalla para el auténtico negocio: la prostitución y el tráfico de drogas. Sin límites en su ambición, es capaz de involucrar a personas que quiere con sus negocios sucios.  Hay un cuarto personaje, el taxista interpretado por Arturo Bonín que sirve de nexo entre los personajes.

El punto en común de las tres historias narradas es que se desarrollan principalmente durante la noche, hecho que refuerza la oscuridad en la que viven sus protagonistas, conscientes de que la vida les puso a prueba pero incapaces de superarla. ¿Lo lograrán? Esa es la tesis de la película.

Los recursos que utiliza la cinta para contar historias tan dolorosas son adecuados. La noche porteña y sus miserias se ven bien reflejadas y la decadencia de una estrella en descenso está bien definida por su mansión, opulenta algún día y decadente en la actualidad.

"A oscuras" hace una apuesta fuerte en cuanto a la temática que trata. Pero toca demasiadas  asuntos -que van desde la violencia de género, la explotación sexual, las adicciones, la soledad y el olvido, la ambición desmedida y la falta de escrúpulos morales- para una sola película. No es que no sean cuestiones válidas o fuera de actualidad. Pero el relato no pasa de ser superficial y anecdótico sin que profundice en ninguno de los personajes. Las actuaciones de Goris y Docampo  palian en cierta medida esta superficialidad pues aportan drama y credibilidad a sus torturados personajes. Pero no llega a ser una cinta redonda. Algo está faltando… o sobrando.

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