Alemania se niega a olvidar su pasado en la Berlinale

por © J.A. (Berlín)-NOTICINE.com
In good company
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U-Carmen eKhayelitshaIn good company13-II-05

Con "Sophie Scholl - Die letzten Tage" (Sophie Scholl - Los últimos días) el cine alemán demuestra nuevamente que se niega a olvidar su pasado más trágico, ya sea -según la interpretación de cada uno- para denunciar en primera persona los horrores del nazismo o para reivindicar que frente a ese poder hubo alemanes que lucharon por la libertad. Esta "biopic" de Marc Rothemund sobre una joven hermana de un estudiante que forma parte de un grupo de oposición pacifista a la guerra imperialista de Hitler, miembro del grupo "La rosa blanca", y guillotinada en 1943 sólo por redactar y repartir panfletos contra la sangría de soldados alemanes en el frente soviético, no ofrece demasiada originalidad. No obstante, goza de la fuerza de una historia real de heroísmo, que nos hace pensar en que en toda situación de cruel injusticia surgen voces que sin miedo a la represión se alzan en favor de nuestra parte más humana y positiva.

Rothemund no elige un sendero cómodo para volver a contar en imágenes la historia de esta muchacha valiente y guapa con una tremenda fuerza interior. La detención y ejecución de Scholl y su hermano se benefician en este caso de nuevos documentos del proceso hallados en los archivos de la extinta República Democrática Alemana, y la película no evita prestar -con el riesgo de una cierta pesadez para el espectador- una importante atención al interrogatorio de Sophie. Sin embargo, evita acentuar los aspectos más sentimentalmente sensacionalistas, de forma que la emoción está contenida y surge inevitablemente sin subrayados o ayudas externas.

Para nosotros, "Sophie Scholl - Die letzten Tage" es a la vez la oportunidad de descubrir a una joven intérprete con muchas posibilidades de figurar en la quiniela para el palmarés final, Julia Jentsch, quien podría ser una razonable receptora del León de Plata a la mejor actriz.

La ópera "Carmen" en una colorista versión pasada de kilos... Eso es lo que nos propone Mark Dornford-May en el musical surafricano "U-Carmen eKhayelitsha", que conserva la popular música de Georges Bizet, aunque las letras han sido traducidas al lenguaje local, el Xhosa. Dornford-May, quien había previamente a filmar la película montado su versión en un escenario teatral, consigue un espectáculo en el que la Andalucía del XIX se convierte en la Surafrica del XXI, pero Carmen sigue siendo una mujer sensual (y aquí opulenta) y Don José un obseso enamorado. Nadie podrá encontrar excesivas novedades o sorpresas en esta enésima versión de la mítica historia de pasión, manipulación y venganza (hace poco que en España Vicente Aranda hizo la suya, con Paz Vega), pero "U-Carmen eKhayelitsha" se ve agradablemente.

No ocurre tanto con "In good company", cinta cuya presencia en la competición berlinesa puede sólo tener sentido en la necesidad del director del evento, Dieter Kosslick, de lucir estrellas en la alfombra roja de acceso al Berlinale Palast. En este caso, el astro es Dennis Quaid, quien en esta previsible y rutinaria comedia sentimental en la más pura línea conformista de Hollywood, interpreta a un veterano ejecutivo de poco más de 50 años obligado a obedecer a un nuevo jefe joven, universitario, "pijo" y sin experiencia, que para colmo acaba ligándose a su hija (la siempre deliciosa Scarlett Johansson). El director, Paul Weitz, pasa de puntillas sobre el tema de las reestructuraciones laborales para centrarse en la más o menos cómica frustración de su protagonista, que teme ser despedido como otros, cuando su esposa le acaba de anunciar que volverán a ser padres, y debe soportar con estoicismo a un nuevo superior que amenaza además con ser su yerno.