Adiós a Béla Tarr, el cineasta húngaro que dio una nueva dimensión al concepto "ver crecer la hierba"
- por © Redacción-NOTICINE.com
Uno de los más reverenciados autores del cine europeo, el húngaro Béla Tarr, falleció este martes a los 70 años. La Academia del Cine Europeo emitió un comunicado en su página web confirmando el fallecimiento del productor y director "tras una larga y grave enfermedad". La institución, de la que Tarr era miembro desde 1997, escribió que "llora a un director excepcional y a una personalidad con una fuerte voz política", y pidió respeto para la familia, que no desea hacer declaraciones.
La carrera de Tarr, compuesta por nueve largometrajes, había terminado formalmente hace más de seis años, con el documental "Missing People", y antes, en 2011, con "El caballo de Turín
/ A torinói ló". Él mismo lo había anunciado entonces: no quería ser, en sus propias palabras, "un cineasta estúpido que se repite a sí mismo y hace la misma mierda solo para aburrir a la gente". Su filmografía, comenzada con "Nido familiar / Családi tüzfészek" en 1979, había perfeccionado un estilo radical que priorizaba la experiencia directa del tiempo, el espacio y la atmósfera por encima de la narración convencional.
Sus películas, casi siempre en blanco y negro, se construían a partir de planos secuencia largos, sin apenas diálogos y elaboradamente coreografiados. Eran obras que sumergían al espectador en una sensación de experiencia física, en lo que algunos críticos llamaron "realismo temporal". Los argumentos tradicionales cedían el paso a la exploración de temas existenciales, centrados a menudo en las vidas de personas marginales y desesperadas, ubicadas en paisajes húngaros desolados, postcomunistas.
Nacido en Pécs en 1955, Tarr empezó a hacer cine a los 16 años. Su primer trabajo después del instituto fue en un astillero. Más tarde fue recepcionista en un centro cultural mientras perseguía su vocación. "Nido familiar", su ópera prima, ganó el Gran Premio del Festival de Mannheim, lo que le permitió ingresar en la Academia de Teatro y Cine de Budapest. Se graduó en 1982 y fundó el estudio Társulás Filmstúdió, que fue cerrado por razones políticas en 1985.
Su quinta película, "La condena / Kárhozat", estrenada en el Festival de Berlín en 1988, fue nominada al premio al mejor joven cineasta en los Premios del Cine Europeo de ese año. Pero fue "Sátántangó", en 1994, la que consolidó su leyenda. Adaptación de la novela de László Krasznahorkai que duraba 450 minutos, está considerada una de las películas fundacionales del movimiento del llamado "slow cinema". Su influencia fue reconocida por directores como Gus Van Sant, quien citó a Tarr como una influencia clave para su "Trilogía de la Muerte", compuesta por "Gerry", "Elephant" y "Last Days". El cine contemplativo y observador de Jim Jarmusch también compartía, según los análisis, gran parte de su ADN cinematográfico con el del húngaro.
Políticamente, Tarr se definía como un "anarquista de izquierdas" y fue un crítico constante del nacionalismo y el populismo de derechas, habiéndose pronunciado en contra de figuras como el primer ministro húngaro Viktor Orbán, la francesa Marine Le Pen o Donald Trump. En 2023, firmó una carta abierta pidiendo un alto el fuego en Gaza.
Tras "El caballo de Turín", que ganó el Gran Premio del Jurado en Berlín, dedicó el resto de su vida a la enseñanza. En 2012 fundó la escuela internacional film.factory en Sarajevo, donde diseñó un programa de estudios no convencional. Reclutó como profesores a figuras como Apichatpong Weerasethakul, Carlos Reygadas, Pedro Costa, Gus van Sant, Tilda Swinton y Juliette Binoche. También fue profesor invitado en varias academias de cine y dirigió talleres por todo el mundo.
En los últimos años, había explorado proyectos artísticos en formatos expandidos, como la exposición "Till The End of the World" en el Eye Filmmuseum de Ámsterdam en 2017, o el proyecto documental "Missing People" para los Wiener Festwochen en 2019, que involucró a 250 personas sin hogar de Viena.
La Academia del Cine Europeo le otorgó su Premio de Honor en 2023. En su comunicado de despedida, la institución concluyó con una frase sencilla: "Lo echaremos de menos". Con su muerte, se apaga una de las voces más distintivas y tenazmente personales del cine contemporáneo, un hombre que, durante décadas, había obligado a las pantallas y a los espectadores a medir el tiempo de otra manera.
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La carrera de Tarr, compuesta por nueve largometrajes, había terminado formalmente hace más de seis años, con el documental "Missing People", y antes, en 2011, con "El caballo de Turín
/ A torinói ló". Él mismo lo había anunciado entonces: no quería ser, en sus propias palabras, "un cineasta estúpido que se repite a sí mismo y hace la misma mierda solo para aburrir a la gente". Su filmografía, comenzada con "Nido familiar / Családi tüzfészek" en 1979, había perfeccionado un estilo radical que priorizaba la experiencia directa del tiempo, el espacio y la atmósfera por encima de la narración convencional.
Sus películas, casi siempre en blanco y negro, se construían a partir de planos secuencia largos, sin apenas diálogos y elaboradamente coreografiados. Eran obras que sumergían al espectador en una sensación de experiencia física, en lo que algunos críticos llamaron "realismo temporal". Los argumentos tradicionales cedían el paso a la exploración de temas existenciales, centrados a menudo en las vidas de personas marginales y desesperadas, ubicadas en paisajes húngaros desolados, postcomunistas.
Nacido en Pécs en 1955, Tarr empezó a hacer cine a los 16 años. Su primer trabajo después del instituto fue en un astillero. Más tarde fue recepcionista en un centro cultural mientras perseguía su vocación. "Nido familiar", su ópera prima, ganó el Gran Premio del Festival de Mannheim, lo que le permitió ingresar en la Academia de Teatro y Cine de Budapest. Se graduó en 1982 y fundó el estudio Társulás Filmstúdió, que fue cerrado por razones políticas en 1985.
Su quinta película, "La condena / Kárhozat", estrenada en el Festival de Berlín en 1988, fue nominada al premio al mejor joven cineasta en los Premios del Cine Europeo de ese año. Pero fue "Sátántangó", en 1994, la que consolidó su leyenda. Adaptación de la novela de László Krasznahorkai que duraba 450 minutos, está considerada una de las películas fundacionales del movimiento del llamado "slow cinema". Su influencia fue reconocida por directores como Gus Van Sant, quien citó a Tarr como una influencia clave para su "Trilogía de la Muerte", compuesta por "Gerry", "Elephant" y "Last Days". El cine contemplativo y observador de Jim Jarmusch también compartía, según los análisis, gran parte de su ADN cinematográfico con el del húngaro.
Políticamente, Tarr se definía como un "anarquista de izquierdas" y fue un crítico constante del nacionalismo y el populismo de derechas, habiéndose pronunciado en contra de figuras como el primer ministro húngaro Viktor Orbán, la francesa Marine Le Pen o Donald Trump. En 2023, firmó una carta abierta pidiendo un alto el fuego en Gaza.
Tras "El caballo de Turín", que ganó el Gran Premio del Jurado en Berlín, dedicó el resto de su vida a la enseñanza. En 2012 fundó la escuela internacional film.factory en Sarajevo, donde diseñó un programa de estudios no convencional. Reclutó como profesores a figuras como Apichatpong Weerasethakul, Carlos Reygadas, Pedro Costa, Gus van Sant, Tilda Swinton y Juliette Binoche. También fue profesor invitado en varias academias de cine y dirigió talleres por todo el mundo.
En los últimos años, había explorado proyectos artísticos en formatos expandidos, como la exposición "Till The End of the World" en el Eye Filmmuseum de Ámsterdam en 2017, o el proyecto documental "Missing People" para los Wiener Festwochen en 2019, que involucró a 250 personas sin hogar de Viena.
La Academia del Cine Europeo le otorgó su Premio de Honor en 2023. En su comunicado de despedida, la institución concluyó con una frase sencilla: "Lo echaremos de menos". Con su muerte, se apaga una de las voces más distintivas y tenazmente personales del cine contemporáneo, un hombre que, durante décadas, había obligado a las pantallas y a los espectadores a medir el tiempo de otra manera.
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